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Una vivienda adaptable

Si la familia cambia, la casa también... Preste atención a aspectos claves

Arq. Kathy MacDonald, Colaboradora

El sueño del espacio universal cuyo diseño no fuera dependiente del uso, así como la arquitectura internacional, que quiso emanciparse de los regionalismos, afortunadamente demostraron ser tan solo una quimera. Hoy en día, el reto está precisamente en lograr la globalización sin borrar la identidad propia que manifiesta las diferencias culturales, climáticas y del entorno.

Flexibilidad. ¿Cómo lograr un espacio flexible y que se adapte a las necesidades cambiantes de los usuarios? La vivienda propia suele ser una inversión para toda la vida, por lo cual resulta absurdo pretender que la familia venda y compre cada vez que aumentan sus requerimientos espaciales.

Lo óptimo sería adquirir un lote que brinde la posibilidad de realizar ampliaciones sucesivas al núcleo principal de vivienda y, de ser posible, le permita subdividirse posteriormente.

Familia que crece. Por lo general, los recursos son pocos cuando las exigencias no son muchas; es decir, la pareja que recién inicia su vida juntos, necesita sólo lo básico: el baño y un espacio para comer y dormir, que bien podría ser una cocina integrada a un espacio multiuso.

La necesidad de un dormitorio surge cuando llega un bebé y con cada hijo se suman las exigencias espaciales. Resulta conveniente disponer de más área verde mientras los niños son pequeños y a medida que crecen, esta se vaya reduciendo para aumentar las disponibilidad de funciones a cubierto.

Ampliaciones. Para mantener los costos bajos, conviene contar con las previstas de tuberías, desagües y acometidas eléctricas, así como también ampliaciones horizontales que no compliquen los techos ni perjudiquen la calidad interna de iluminación y ventilación natural. Los segundos niveles no deberían ser motivo para evacuar a la familia durante el proceso de construcción, dado que la estructura puede ser exterior y el techo existente bien puede formar parte del entrepiso, mejorando las condiciones acústicas y ambientales.

Si el proceso de ampliar la vivienda conforme aumentan las demandas de la familia, se planifica desde un principio como un crecimiento orgánico; puede permitir no solo satisfacer la urgencia de incrementar los metros cuadrados eficientemente, sino también garantizar que en cada etapa, la vivienda luzca completa y no proyecte la imagen de estar en proceso de ampliación.

Construcción que crece. Cuando la vivienda está en uso, la construcción de una ampliación no deja de ser un enorme inconveniente porque la presencia de los operarios, el ruido de sus máquinas y el polvo y basura que se genera, entre otros problemas, atentan contra la privacidad, seguridad, comodidad y limpieza del hogar.

Por lo tanto, un buen arquitecto tomará en cuenta esto y más, para que en el proceso se realice la ampliación de afuera hacia adentro, con un mínimo de interferencia en la rutina familiar, preferiblemente produciendo la conexión de lo nuevo con lo viejo al final de la intervención.

Espacio multiuso

También es factible iniciar con el total del área cubierta como espacio flexible y en cada etapa producir las divisiones necesarias para crear aposentos separados.

El amplio recinto que algún día sirvió para los triciclos y juguetes de los niños, podría albergar mesas de juego, pin-pong, billar o futbolín en la adolescencia, convertirse en biblioteca o subdividirse en cuartos de hobbies o estudios individuales.

Vivienda que decrece. ¿Pero, qué sucede cuando al crecer los hijos se marchan para realizar cada uno su propio proyecto de vida y atrás quedan los viejos con una casa enorme?

Así como la vivienda le brindó la posibilidad de crecer, debería también mostrar la flexibilidad para decrecer. Si la legislación lo permite en la zona donde adquirió su propiedad, una subdivisión podría darle la opción de dividir la construcción para alquilar un apartamento o colocar un pequeño negocio que aumente sus recursos económicos y le disminuya los costos de limpieza y mantenimiento.

El promedio de vida de una casa suele estimarse en no menos de sesenta años, y por ello, debería presentar la versatilidad suficiente para poder adaptase a los cambios que, a través del tiempo, experimente la familia que la habita.

La vivienda es parte de su proyecto de vida y por tanto le conviene pensar en su futuro y el servicio que esta le pueda brindar a largo plazo.

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