Recuerdan a la Madre Teresa

La huella de la humildad



Néfer Muñoz
Redactor de La Nación

El paso de la Madre Teresa por Costa Rica en 1988 despertó una multitud de sentimientos, desató la sed por la fe y agigantó la curiosidad de quienes querían conocer a la mujer que recorrió el mundo pregonando su amor por los pobres.

Quienes tuvieron la oportunidad de tratarla constataron que su fama espiritual se comprobaba en cada uno de sus actos.

No admitía que la gente se pusiera de rodillas para saludarla, eludía llamar la atención y transmitía un efecto de paz y tranquilidad con sus gestos.

Su estadía oficial en el país duró tres días: 11, 12 y 13 de julio.

Sin embargo, las personas que colaboraban con las Hermanas de la Caridad, en su sede de San Isidro de Coronado, se llevaron una sorpresa la mañana del jueves 14 de julio pues la Madre Teresa había enviado a unas novicias al aeropuerto y los medios de comunicación dieron por un hecho que había salido del país.

A continuación, presentamos el testimonio de algunas personas que vivieron en carne propia una cercanía con la religiosa en Costa Rica.

"La mejor profesión: salvar niños"

Emilia Beeche Tinoco agilizó el recorrido de la Madre Teresa en nuestro país. Ella fue la encargada de manejar el automóvil en el que la religiosa visitó la Asamblea Legislativa, la casa del presidente Oscar Arias y la sede de las Hermanas de la Caridad, en San Isidro.

"Fue una experiencia increíble", relata Emilia, quien para entonces era una activa colaboradora de la congregación de la Madre Teresa.

De acuerdo con sus palabras, en los recorridos, la religiosa iba viendo a la gente mientras desgranaba en sus dedos las cuentas de su rosario.

"La mejor profesión del mundo es salvar hijos". Esa fue una de las frases que a Emilia más la impresionó de la superiora de la Caridad. La pronunció al referirse al aborto.

"Ella le decía a las mujeres que si querían abortar hijos, que se los dieran a ella, que quería a todos los niños no deseados", recuerda Beeche.

Una de las primeras preguntas que la Madre Teresa hizo dentro del automóvil es el porqué del ruido de sirenas que los precedía. Cuando se le explicó que era para avisar de su presencia, ella expresó que ni estaba enferma, ni era alguien importante. Ese fue el motivo por el que las sirenas no volvieron a sonar a su paso.

Otra de las cosas que más recalcó la religiosa en sus mensajes fue la idea de amar y hacer el bien a los demás, sin importar que fueran católicos o de otras religiones.

El día que la Madre Teresa visitó la Catedral Metropolitana, Emilia tuvo que hacer verdaderas peripecias pues la multitud que se arremolinaba en los alrededores del templo no dejaba pasar el carro.

"Querían acercársele y tocarla. Una vez que ella salió del automóvil, la gente se abalanzó sobre el asiento en el que estuvo y le pasaban pañuelos. Decían que querían llenarlos de santidad", señala Emilia.

Se quedó un día mas

Hace nueve años, durante cuatro días a Gloria Macaya la empaparon de humildad.

Y las causantes de esa lluvia de fe y devoción fueron las Hermanas de la Caridad pues, a raíz del anuncio de la visita de la fundadora de la orden, las religiosas se prepararon obedientes, tranquilas, reservadas -y sobre todo- humildemente.

Gloria Macaya es una de las colaboradoras de las religiosas y durante su visita, la Madre Teresa la nombró su national link (enlace nacional), que era la persona que quedaba a cargo de labores de apoyo de la congregación.

"Recuerdo cómo el día que la Madre Teresa llegó a la sede de las hermanas (que también es un asilo de ancianos) estaba lloviznando", señala.

Los viejitos del hogar estaban dispuestos en hilera y lo primero que la religiosa hizo fue saludarlos uno a uno pronunciando: "God bless you" (Dios lo bendiga).

Gloria recuerda que los tumultos que se hicieron en los lugares que estuvo la religiosa fueron enormes y que su mayor sorpresa la tuvo un día después de que supuestamente ella se había marchado.

"Llegué al hogar de ancianos y la vi. No lo podía creer, pero las hermanas me explicaron que la "madre" había decidido súbitamente quedarse un día más y que para despistar envió al avión a algunas de las novicias", narra la señora Macaya.

"Me tocó la cabeza"

Hoy, Carlos Alberto Loría tiene 15 años. Cuando la Madre Teresa vino a Costa Rica tenía nueve años y fue uno de los niños a los que la religiosa se acercó para saludar y bendecir.

Se acuerda perfectamente de aquel momento pues su familia lo llevó a la sede de las Hermanas de la Caridad, en San Isidro.

Una vez adentro, se encontraron con que había mucha gente que se acercaba a aquella figura vestida de blanco. Cuando les tocó su turno, la "madre" esbozó una sonrisa y puso las manos sobre la cabeza del niño.

"La gente estaba muy contenta con sus obras; por eso es una lástima que haya muerto", señala Carlos Alberto.

Reverencia papal

Juan Pablo II celebró ayer en la residencia de los papas de Castelgandolfo, 30 kilómetros al sur de Roma, una misa por el alma de la Madre Teresa de Calcuta, la misionera fallecida a los 87 años de edad.

La misa privada se celebró a primeras horas de esta mañana en la localidad de los castelli romani bañada por el lago Albano, donde Juan Pablo II pasa actualmente sus vacaciones de verano.

Al igual que en Castelgandolfo, localidad de descanso del Santo Padre, las iglesias católicas del todo el mundo celebrarán a partir de hoy diversos oficios religiosos en honor a la Santa de los Pobres.

El Papa, que fue informado el viernes de la muerte de la religiosa, sintió una "gran emoción" y un "profundo dolor" afirmó el vicedirector de la Sala de Prensa del Vaticano, Ciro Benedettini.

"El Pontífice fue inmediatamente informado del fallecimiento de la Madre Teresa. Esta muerte le ha llegado profundamente al corazón. El Santo Padre estaba muy unido a esta monja que se inclinó ante todos los sufrimientos humanos", afirmó Benedettini.

Para Juan Pablo II, según el portavoz vaticano, la Madre Teresa de Calcuta era un "luminoso ejemplo de cómo el amor a Dios se transforma en amor al prójimo y hacia las personas más abandonadas".

El Papa la consideraba "una mujer que ha marcado la historia de este siglo", precisó Benedettini.

Agregó que el Pontífice recuerda "con emoción" los encuentros mantenidos con la Madre Teresa y sobre todo la visita que hizo a Calcuta en febrero de 1986 y a la casa de la congregación de la religiosa.

Tras conocer sobre la muerte de la anciana monja de origen albanés, Juan Pablo II se retiró ayer en oración.


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