Fue un acoso de admiración y devoción. Los ticos quisieron acercarse a ella en todo momento, y la Madre, con su habitual sencillez, no se los impidió. Con ella, Oscar Arias Sánchez, entonces presidente de la República.

Madre Teresa en Costa Rica

Paso imborrable

Durante tres días, miles de ticos la siguieron fervorosamente


Ese lunes 11 de julio de 1988, la Madre Teresa de Calcuta llegó sin aspavientos, cargando como única valija una caja de cartón con su sari. No quiso ser objeto de las pomposidades del protocolo. Sencillamente, bajó de la avioneta que la traía desde Nicaragua y siguió su camino, iniciado días antes en México.

Aquí, la esperaban sus anfitriones principales: un grupo de ancianos del Hogar de Coronado, adonde, tan solo un año antes, habían llegado sus discípulas para cumplir con la misión de la orden: servir a los más pobres entre los pobres.

Su paso ligero quedó grabado, indeleblemente, en Costa Rica. Fueron tres días históricos que las páginas de los diarios guardan con recelo en algún rincón privilegiado de las hemerotecas.

11, 12 y 13 de julio de 1988. Las imágenes saltan del papel y hacen recordar a una figura, pequeña en tamaño pero grande en obras; siempre en actitud de oración, con un rosario surcándole los dedos.

Los ticos compartieron con ella una apretada agenda de apariciones públicas que incluyó, entre otros, la visita a la Asamblea Legislativa; una reunión con el entonces presidente de la República, Oscar Arias Sánchez; el convivio con un numeroso grupo de religiosas de todo el país, y la celebración de la Santa Misa en la Catedral Metropolitana de San José.

Políticos, intelectuales, empresarios, ciudadanos comunes... todos inclinaron su cabeza en señal de respeto a la Premio Nobel de la Paz en 1979, ciudadana de honor del mundo por la fundación de la Orden de las Misioneras de la Caridad, en Calcuta, India.

Visita oportuna

La visita de la Madre Teresa fue como un bálsamo en 1988, año particularmente especial para Centroamérica. La tensión del momento se concentraba en las conversaciones entre los gobiernos del área para elaborar un plan de paz que pusiera fin a las historias de guerra y terrorismo en esta convulsa región.

Por eso, ¡qué mejor que la visita de la Madre Teresa! Su paso por México, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y Panamá dejó una sombra de buenos pronósticos.

En ese momento su mensaje estuvo lleno de excitativas a la oración: "Padres de familia, enseñen a sus hijos a orar y oren con ellos, porque la oración trae como resultado un corazón limpio y quien tiene un corazón limpio puede ver a Dios. Si podemos ver a Dios, nos amaremos los unos a los otros como Dios nos amó".

"El mundo jamás ha necesitado la paz como ahora y por eso es que resulta tan importante que aprendamos a orar y que oremos", dijo en la misa que se celebró, el 12 de julio, en el templo San Isidro Labrador, en Vázquez de Coronado.

Durante su presencia en la Catedral Metropolitana, apenas iniciada la tarde del día de su arribo, la gente abarrotó el templo.

Allí, como en sus otros recorridos, las manos afloraban en un afán desmedido por tocar a la santa viviente, quien nunca negó una sonrisa para la gente.

En esa actividad, el Dr. Oscar Arias Sánchez destacó las virtudes de la Madre Teresa y su iniciativa de buscar la paz en las raíces mismas de la división entre ricos y pobres.

El miércoles, día de su partida, le dejó a Costa Rica su mejor mensaje: "Escriban siempre algo bello para Dios, de manera que a través de sus palabras los corazones de las gentes se eleven hacia El y se amen unos a otros. Dios los bendiga."



Legado de por vida

Personalidades políticas y religiosas locales, consultadas por La Nación, coincidieron ayer en que la muerte de la Madre Teresa de Calcuta representa una dolorosa pérdida física, pero resaltaron que su obra dejó un importante legado que perdurará a través del trabajo que realiza su Congregación de las Hermanas de la Caridad.

Monseñor Román Arrieta, arzobispo de San José. "Ha muerto una santa. Siempre me impresionó por ser una mujer profundamente humilde e inmensamente sencilla. Uno veía que siempre estaba pendiente de Dios y encomendando a los hombres y mujeres por los que se desvivió: `los más pobres entre los más pobres', como ella los llamaba. El pueblo la acogió gracias a su calor humano y cristiano".

Gobierno de Costa Rica. En un comunicado de prensa, la Presidencia de la República externó su consternación por la muerte de la Madre Teresa. Al mismo tiempo, hizo "un llamado para que todos los costarricenses expresemos nuestra solidaridad en este momento tan doloroso". El texto agrega: "El incansable y fecundo trabajo de la Madre Teresa(...) constituye un auténtico ejemplo de solidaridad y amor cristiano. Paz a sus restos y un voto de apoyo a la congregación de las Misioneras de la Caridad, para que la luz que ella encendió siga brillando eternamente".

Oscar Arias, premio Nobel de la Paz 1987. Por medio de un comunicado de prensa de la Fundación Arias para la Paz y el Progreso Humano, el expresidente Arias manifestó su "profundo dolor por la desaparición de la Madre Teresa de Calcuta(...) abnegada y noble amiga del pueblo de Costa Rica. Su maravillosa labor ha dado frutos en todo el mundo y ha sido ejemplo de solidaridad con las gentes más pobres y abandonados de este mundo", reza el documento.

Ramón Sáez, encargado de Negocios de la Nunciatura Apostólica. A título personal, expresó que es "una pérdida en cierto sentido, ya que la Madre Teresa ahora es más eficaz que nunca. Ella es un ejemplo de que llevar en serio una vida cristiana vale la pena. Mi más sentido pésame a las Hermanas de la Caridad".

Presbítero Leonel Chacón. Acompañó a la Madre Teresa en la mayor parte de su visita a nuestro país en julio 1988. "La noticia me causó consternación. Su pérdida es dolorosa y deja un gran vacío, pero al mismo tiempo nos produce una profunda satisfacción saber que está junto al Señor Padre."

Obispo Luis Fernando Palomo. Iglesia Evangélica de Costa Rica. "Al recibir la noticia nos hemos puesto a pensar no tanto en lo que perdemos, sino en el ejemplo que hemos recibido y que está quedando solidaridad y encarnación que ella deja para toda la humanidad. Los cristianos de todo el mundo reconocemos al ministerio y misión que la Madre Teresa deja en favor del pobre y del desposeído y, sobre todo, pensando en el dolor humano."

Alexánder Flores. Pastor de la Primera Iglesia Bautista de San José. "Es la pérdida de un gran ser humano, una mujer que no solo predicó el evangelio, sino que también lo vivió. Ella, para el pueblo cristiano en general, era un persona que nos enseñó a amar al prójimo como Cristo lo hizo."



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