Proceso ejemplar al Mundial de Arabia Saudita 1989


Paul Mayorga Quesada
Especial para La Nación

El gran éxito que alcanzamos en el proceso hacia el Mundial Juvenil de Arabia Saudita 1989, lo atribuyo a que todos mis compañeros del equipo nacional éramos como hermanos, ya que estuvimos mucho tiempo juntos -algunos veníamos de la Infantil de 1987-, sufriendo múltiples calamidades por desorganización y recogiendo grandes alegrías que fueron inolvidables.

En aquel tiempo, éramos jóvenes con muchas aspiraciones, deseosos de jugar algún día en la Primera División. Nuestra mentalidad era sana, a diferencia de los muchachos de hoy, que piensan más en sí mismos que en los demás.

Nuestra actitud de unión fue lo que nos llevó a alcanzar esas victorias. Recuerdo que íbamos a comer a las casas de los jugadores y celebrábamos fechas especiales, como los cumpleaños. Incluso, de mi parte y después de casi diez años, conservo gran cariño por todos ellos y eso ratifica mi afirmación.

De ahí lo acertado del sobrenombre de Carasucias que nos puso el periodista Gaetano Pandolfo, de La República, en alusión al joven equipo argentino que, en 1957, rompió mitos y ganó el Suramericano de Lima, Perú. Según me cuentan, superaron grandes obstáculos y lograron el objetivo que se propusieron...

Una historia parecida a la nuestra, por la relación fraternal que prevalecía entre mis compañeros y los manejadores, Juan José Gámez (técnico) y Manrique Quesada (asistente y preparador físico), quienes, en resumidas cuentas, eran como nuestros padres en las giras, los partidos y los entrenamientos.

Dada su experiencia y conocimientos, ambos se comportaban a la altura y no se cansaban de darnos buenos consejos. Eso se refleja en mi caso, porque me casé de 18 años, antes del Mundial de Arabia, y Juan José siempre me apoyó en ese momento, cuando me encontraba cursando el quinto año de secundaria.

Titanes del balón

El largo camino al Mundial comenzó a fines de 1987, con un 70 por ciento de la Selección Infantil que tuvo Edgar Sandoval. El español Juan Luis Hernández inició el reclutamiento y dejó el proceso encaminado, cuando tuvo que dejar al equipo por problemas con la Federación y en su lugar llegó Juan José Gámez.

El primer paso eliminatorio lo pasamos en una ronda previa con Honduras. Fuimos a San Pedro Sula y ganamos (2 a 1), y lo mismo sucedió aquí (3 a 1). Sin embargo, el equipo no mostró el nivel deseado porque apenas iniciaba la preparación y no se había logrado conjuntar el grupo.

Para la eliminatoria regional en Guatemala, donde el equipo dejó una imagen muy bonita, las expectativas de nosotros no eran muy grandes, debido a que no habíamos tenido muchos fogueos internacionales.

En el primer partido vencimos a Jamaica, 3 a 0, y todos nos motivamos mucho por haberlo ganado jugando buen futbol. El siguiente encuentro contra Trinidad y Tobago se nos complicó en la primera parte; tuvimos muchas discusiones en el descanso, pero entramos y empatamos, 1 a 1, con gol de Danilo Brenes.

La prueba de fuego fue Estados Unidos y la superamos, 1 a 0, cuando Austin Berry remató de cabeza y Kasey Keller -actual portero norteamericano- no pudo desviarlo. A Guatemala le ganamos 4 a 1 y la clasificación a la segunda fase se despejó.

Tuvimos que cambiar de sede y viajar hasta Mazatenango, una ciudad distante a la capital guatemalteca. Ahí volvimos a jugar contra Estados Unidos y vencimos 3 a 1, con lo cual aumentó el entusiasmo. Se requería solo un empate con México -nuestro próximo rival-, para ganar una de las dos plazas al Mundial.

Gámez nos trabajó en el aspecto psicológico. Insistió mucho en que tendríamos al árbitro en contra y que los mexicanos nos superaban físicamente porque tenían gente pasada de edad -algo que se comprobó luego-; pero en este campo nos ayudó que ya habíamos jugado fogueos con equipos de nuestra Primera División.

Aunque estábamos conscientes de que era difícil, entramos con la mentalidad de ganar y sacamos ventaja mínima en el primer tiempo. En un contragolpe, hubo una jugada de pared entre Hárold López y Danilo Brenes, y Juan Carlos Arguedas logró anotar al anticiparse bien a la salida del arquero mexicano.

Curiosamente, con ese gol, llegó el calvario. Me parece aún oír las palabras de don Juan José, cuando en el receso nos advirtió que el árbitro nos sancionaría un penal al principio del segundo tiempo, con el primer delantero mexicano que intentara ingresar al área.

Y fue un profeta, porque así sucedió a los cinco minutos. Yo salí a detener un pelotazo y dicho y hecho: cuando la agarro, un jugador de ellos se tira y... penal a favor de México.

Vino el lanzamiento de Sergio Almaguer -goleador del torneo- y la pelota fue a la derecha. Me lancé a ese lado y la rechacé con el pecho; pegó contra el suelo, entonces tomó altura y le volvió a caer al delantero...

Me encontraba tirado en el lado derecho y Almaguer remató al lado izquierdo, pero para su mala suerte, la bola pegó en el poste y salió. ¡Qué salvada!

Ahí empezamos a ganar ese importante partido. Una de las cosas bonitas que más nos motivó para seguir en la lucha fue que el público local -unos 15.000 espectadores- se volcó a favor nuestro y comenzó a gritar "ticos, ticos".

México estaba desmoralizado por fallar el penal y vino una jugada que los terminó de hundir. Eusebio Montero presionó al defensa Aurelio Rivera y este se vio obligado a devolver la pelota al arquero. Nunca imaginó que cometería autogol, para que se produjera el 2 a 0.

Y ya cuando finalizaba el partido, con el ánimo al tope, llegó el tercer tanto. Un golazo de Juan Carlos Arguedas, que arrancó desde atrás, en un contragolpe, y definió como los grandes. Todos estábamos felices: habíamos superado el mito de México, nos manteníamos invictos, en el primer lugar, y con el boleto asegurado al Mundial, por primera vez en esta categoría.

El siguiente partido contra Cuba fue de trámite. Don Juan puso a los suplentes para motivarlos y ganamos 4 a 1. Una gran campaña. Fuimos los mejores del área y, por ello, tuvimos un recibimiento increíble en San José. Mi gran orgullo fue exhibir mi trofeo como el mejor portero y el menos vencido del certamen.

Un serio compromiso

Ya de cara al Mundial, el cuerpo técnico nos trabajó con pesas para mejorar nuestra potencia. Yo pesaba 140 libras y llegué a alcanzar las 170. Gámez y Quesada coincidieron en que futbolísticamente podíamos dar la talla en Arabia, pero necesitábamos superarnos físicamente y en eso nos preparó muy bien el japonés Isao Shimoda, un especialista en el campo.

Tras ganarle con categoría a la selección mayor de Ecuador (1 a 0, con gol de Alexánder Víquez), ganamos en un torneo amistoso en Miami, EE.UU., frente al Corinthians de Brasil (2 a 1), Colombia (1 a 0) y un equipo local (2 a 0). Recuerdo que nuestro goleador fue Rónald González, con cuatro tantos.

Llegamos a la ciudad árabe de Dammán, con una semana de anticipación. Algo muy curioso que nos sucedió fue que nuestros familiares se confundían al llamarnos por teléfono y nos preguntaban cómo nos había ido ese día y ya nosotros, por la diferencia, estábamos un día adelante.

Don Juan José y Manrique lo previeron todo. En cuanto a la comida, llevamos los frijoles y allá había arroz y carnes de todo tipo, por lo que no tuvimos problemas para prepararnos el tradicional gallo pinto.

Algo que nos enredó fue el clima, porque nos dijeron que Arabia era totalmente un desierto y que iba a estar calientísimo. La verdad es que la temperatura estuvo fría, a 17 grados centígrados, y a veces bajaba a 12 grados por la noche.

Debutamos en el primer juego contra Colombia, al que ya habíamos vencido en Miami. Los colombianos nos pasaron diciendo que fue un accidente y que nos golearían en el Mundial, pero les ganamos en los minutos finales, con un golazo de tiro libre de Rónald González, que el arquero Oscar Córdoba ni vio pasar.

Nunca se nos olvida que en la gradería apareció celebrando el gol un costarricense, nativo de Limón, que tenía muchos años de vivir allá y que no paraba de agitar nuestra bandera. Fue algo muy bonito y emocionante, lo que demuestra que en cualquier parte del mundo siempre aparecerán los ticos.

Después vino el partido contra la Unión Soviética y por poquito les empatamos 0 a 0, lo que nos hubiera dado el pase a la segunda fase. Pero faltando como seis minutos para que terminara el partido, nos metieron un gol y nos ganaron.

Fue una mala fortuna, porque donde Oscar Valverde perdió el balón por la derecha, Maximilian Peynado salió sobre el jugador soviético (Oleg Matveev), y yo salí a taparle la bola, que me llegó a las manos.

Sin embargo, Maxi metió la pierna entre mis manos y la bola le pegó en la punta de su zapato y me cambió de dirección. Recuerdo que se fue pegado al poste y entró; fue autogol.

Del partido contra los soviéticos recuerdo algo muy cómico que me sucedió. Su goleador Oleg Salenko -el mismo que le anotó cinco goles a Camerún en USA 94- llegó al area pequeña con la pelota picando y le dio un puntazo. La bola me pegó en la boca del estómago y me quedó marcada durante unos dos días.

En este partido, Rónald González recibió su segunda tarjeta amarilla y su ausencia en el juego decisivo contra Siria, nos afectó el sistema defensivo, pues durante todos los encuentros habíamos jugado juntos y don Juan nunca lo había modificado.

Los sirios se aprovecharon de eso y nos ganaron, 3 a 1. Nosotros no sabíamos que si perdíamos con un gol de diferencia, pasábamos a la segunda ronda, y estuvimos cerca de lograrlo, porque en el minuto final Adrián Leandro falló un gol cantado, frente a la portería. ¡Fue una lástima!

Este proceso a Arabia me enseñó como futbolista que cuando las cosas se hacen bien, con seriedad y sacrificio, Costa Rica puede demostrar mucho y lograr grandes metas en el futbol.

Indirectamente se puede asegurar que nosotros abrimos fronteras a muchos futbolistas en el exterior y, poco tiempo después, la selección mayor lo ratificó con un gran papel en el Mundial de Italia 90.

Plantel a Arabia 89

Porteros: Paul Mayorga y José Francisco Porras.

Defensas: Oscar Valverde, Orlando Sibaja, Rónald González, Maximlian Peynado, Austin Berry y Mauricio Vargas.

Volantes: Hárold López, Rolando Velásquez, Juan Carlos Arguedas, Eusebio Montero y Eddy Picado.

Delanteros: Danilo Brenes, Briance Villalobos, Alexánder Víquez, German Rodríguez y Adrián Leandro.

Director técnico: Juan José Gámez.

[Pie de foto: Juan Carlos Arguedas y Henry Wood levantan en hombros al mentor, Juan José Gámez, mientras que Eusebio Montero, Rónald González y Austin Berry los acompañan en el festejo, luego de que Costa Rica clasificó, en Mazatenango, Guatemala, al Mundial Juvenil de Arabia Saudita 89.]


[Anterior] [Siguiente] [Portada Suplemento] [Portada La Nación Digital]