Alfredo Piedra revive la gesta de los Chaparritos de Oro en México 1956


Alfredo Chato Piedra Mora (*)
Especial para La Nación

Haber dirigido a Costa Rica hace 41 años en el II Campeonato Panamericano de Fútbol de México, en 1956, representó para mí una inmensa alegría ya que el equipo que llevé logró alcanzar la página más gloriosa y el mayor triunfo de nuestro futbol en escala internacional durante esos tiempos.

Por méritos propios, fuimos invitados a jugar esa importante competencia frente a México, Argentina, Brasil, Chile y Perú, tras haber ganado en forma invicta el Campeonato Centroamericano y del Caribe, en Tegucigalpa (Honduras), en 1955, un equipo que también me tocó orientar.

Con el fin de aclimatarnos a la altura de México, estuvimos entrenando en las faldas del volcán Irazú por varios días y luego, con dos semanas de anticipación, completamos el acondicionamiento físico en Toluca, con la ilusión de rozarnos ante los grandes futbolistas de América.

Llegamos a México como la cenicienta del torneo y salimos con un tercer lugar, superados solo por los fuertes equipos de Brasil y Argentina, con los cuales perdimos (1 a 7 y 3 a 4, respectivamente), y arriba de Perú (4 a 2), México (1 a 1) y Chile (2 a 1). Un extraordinario desempeño.

El conjunto que llevamos era muy capaz, uno de los mejores de todos los tiempos, con jugadores maravillosos. No habían titulares ni suplentes; todos eran tan buenos que se hacía muy difícil formar el que saldría jugando... Tener tanta gente buena junta, solo esa vez, fue para mi todo un honor dirigirla.

Incluso, por nuestro desempeño, la prensa mexicana bautizó a la escuadra nacional los Chaparritos de Oro, posiblemente por la baja estatura de Alex Sánchez, Marvin Rodríguez, Cuty Monge y Rubén Jiménez. Había hombres como Rodolfo Herrera, Alvaro Murillo, Edgar Quesada y Catato Cordero, de mediana estatura, y otros como Mario Pérez, Hernán Alvarado, Palmareño Solís y Danilo Montero, que de chaparros no tenían nada.

Partido sorpresivo

En el encuentro ante Argentina, que un año después se les denominó en su país los Carasucias al adjudicarse el Suramericano en Lima 57, recuerdo que los tuvimos en jaque durante 65 minutos, cuando les ganábamos 3 a 1. Ellos estaban contra la pared y parecía que haríamos el milagro...

Pero cuando se acortaron las distancias 2 a 3, ordené el cambio de Edgar Quesada por Negro Esquivel; es decir, entró el titular y salió el suplente con el fin de anotar otro tanto más y asegurar el partido. Un cambio que todavía se comenta porque Sívori, que era marcado por Esquivel, nos hizo al final la faena pues remontaron y nos vencieron 4 a 3. Ningún entrenador hace un cambio para perder un partido. Los técnicos sabemos ahora que cuando se gana son los jugadores los culpables y cuando se pierde, el técnico.

Al analizar el poderío del rival, vale la pena mencionar la gran delantera de Argentina que nos tocó enfrentar en esa época: Loiácono, Sívori, Cucchiaroni, Corbatta y Maschio. Todos ellos se fueron después con un contrato millonario a Italia, con excepción de Corbatta ya que Racing no quiso desprenderse del formidable puntero derecho.

En este evento, después de nuestro debut frente a México, el técnico chileno Luis Lucho Tirado dijo -en unas declaraciones al diario Esto- que Costa Rica estaba atrasada 30 años en fútbol. Antes de enfrentarnos a Chile, me empeñé con los jugadores y les insistí de que teníamos que demostrarle que así, como él opinaba, no era la cosa. Teníamos que ganarles y lo logramos.

Calidad y cantidad

Después de ganarle a Perú y antes de iniciarse los actos de clausura, me llamó nuestro delegado, el finado Ramón Coll, para presentarme a Guillermo Stábile, técnico de la Selección argentina y, como jugador, máximo anotador en el primer Mundial de 1930. Nos dimos la mano con emoción y respeto, pero nunca olvidaré sus palabras...

"Felicitaciones para los Chaparritos y para usted. Tenía informes que en vuestro país se jugaba un buen fútbol, pero que nunca me imaginé que siendo una nación pequeña tuvieran tanta calidad y cantidad. Mis respetos para Hernán Alvarado, Flaco Pérez, Alex, Catato, Palmareño, Edgar Quesada, Marvin Rodríguez, Herrera, pero en especial a Alvaro Murillo, por sus dos grandes goles a Perú y a quien considero -sin exagerar- la mejor figura de este Panamericano..."

¡Qué clase de elogio para Alvaro! Lo ubicó, incluso, mejor que Sívori, su número 10 en la Selección argentina. La prensa de México, asimismo, incluyó a Catato Cordero y a Cuty Monge en la Selección ideal del torneo, y en el equipo B a Alvaro Murilllo y a Hernán Alvarado. No olvidemos a Palmareño Solís, quien obtuvo luego un jugoso contrato con el Atlas de Guadalajara, con el que permameció por más de 15 años.

El Panamericano de 1956 fue ganado por Brasil, con todo merecimiento. Tenía un equipo potente, que llevó lo mejor de su futbol en esa época, aparte de la tradicional calidad técnica que distingue a sus jugadores y que los llevó a ganar dos años después el Campeonato Mundial de Fútbol en Suecia 1958.

Creo que el Panamericano en México fue un logro exitoso en escala mundial y supera en repercusión a los otros títulos que conseguí en forma invicta con la Selección: el Torneo Centroamericano en Honduras 1955 y el Primer Norceca en 1963, en El Salvador, en el que participó México. Fue, sin duda, un pasaje inolvidable para todos los que tuvimos la suerte de intervenir.

En mi época de futbolista y en la que me tocó dirigir se jugaba a ganar; creo que ahora es todo lo contrario: se juega a no perder. Esa fue la filosofía que le inculqué a los Chaparritos de Oro y de la cual me siento muy orgulloso porque el futbol es un espectáculo y hay que pensar siempre en la victoria.

(*) Entrenador de la Selección Nacional que ganó el tercer lugar en el II Panamericano de Futbol, en 1956, aparte de que destacó en otros equipos patrios. Esto le valió para ingresar a la Galería del Deporte en 1985.

Esto pasó

Costa Rica fue la revelación del II Campeonato Panamericano de Fútbol, realizado en México del 26 de febrero al 18 de marzo de 1956, cuando ocupó el tercer lugar, detrás de las potencias suramericanas Brasil y Argentina, y por encima de Perú, México y Chile.

Su campaña, fecha a fecha, registró un empate frente a México (1 a 1), una derrota ante Argentina (3 a 4), un triunfo sobre Chile (2 a 1), un revés con Brasil (1 a 7), y cerró con una victoria frente a Perú (4 a 2).

Aquel gran equipo lo formaron: los guardametas Hernán Alvarado, Mario Flaco Pérez y René Muñoz; los defensas Jorge Palmareño Solís, Reynaldo Rey Orozco, Mario Catato Cordero, Mario Murillo, Alex Sánchez e Isidro Williams; los volantes Marvin Rodríguez, Edgar Quesada, Elías Valenciano, Edgar Negro Esquivel y Constantino Tulio Quirós; y los delanteros Rodolfo Herrera, Alvaro Murillo, Danilo Montero, Jorge Cuty Monge, Isaías Araya, Alexis Goñi, Oscar Cuico Bejarano y Rubén Rata Jiménez.

Solís, Cordero, Sánchez, A. Murillo, Monge, Montero y Jiménez actuaron en todos los partidos. Por el contrario, Muñoz, Orozco, Quirós y Araya no jugaron un solo minuto.

n De los 11 goles que Costa Rica anotó, Cuty Monge hizo cuatro; Rodolfo Herrera, dos; Alvaro Murillo, dos; Danilo Montero, uno, y Catato Cordero, uno. El argentino Federico Vairo cometió un autogol a favor de los ticos. El máximo anotador panamericano fue Enrique Omar Sívori, de Argentina, con cinco goles, de las cuales tres fueron a Costa Rica.

Los dos únicos países que no tuvieron expulsados, Costa Rica y Brasil, debieron -por lógica- obtener el título del equipo más disiciplinado; pero, ante la sorpresa general, el Comité Organizador otorgó ese premio a Chile, que sí tuvo un jugador al que le fue mostrada la tarjeta roja.

La mejor entrada de público en el II Panamericano se produjo entre México y Costa Rica (1 a 1) el día de la inauguración, el 26 de febrero de 1956, en el estadio Universitario del Distrito Federal. Asistieron 110.446 espectadores.

[Pie de foto: Brillante estuvo el arquero Hernán Alvarado en el II Panamericano de Fútbol, en México 56. La prensa azteca lo ubicó entre los mejores.]


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