|
Previsible finalNo retuvimos el título en el torneo regional de 1943 |
El fracaso le guiñó un ojo a Costa Rica en el II Campeonato Centroamericano y del Caribe de Fútbol, celebrado en diciembre de 1943 en el estadio Flor Blanca de San Salvador (El Salvador). La Selección asistió a última hora sin preparación previa.
Los problemas marcaron la senda desde el inicio. La prensa deportiva de la época objetó la lista de escogidos por el técnico Alejandro Morera: Eugenio Pignataro y Rafael Angel Cardona, arqueros; Wílliam Cordero, Tomás Alfaro y Héctor Cordero, zagueros; Mario Ruiz, Jorge Lalo Rojas, Jorge Umaña, Eduardo Cabalceta y César Zurdo Hernández, medios; Alberto Granados, José Luis Chime Rojas, Alvaro Rojas, Alejandro Morera, Mario Riggioni, Francisco Paco Zeledón, Aníbal Ñeco Varela y Fernando Lolito Ruiz, delanteros.
Costa Rica debutó ante Nicaragua, a la que venció 7 a 0; perdió frente a Guatemala, 2 a 3, y volvió a caer ante El Salvador, 2 a 4. En la segunda fase derrotó a Nicaragua, 3 a 2, pero fue superado de nuevo por Guatemala, 2 a 4.
Con estos resultados, El Salvador se perfilaba como futuro campeón. Para ello le bastaba con vencer a Costa Rica. El Comité Organizador del torneo estaba tan confiado, que preparó una ceremonia final con gran pompa y despliegue. Para su infortunio, el triunfo lo alcanzó Costa Rica 4 a 2, ante un equipo local alentado por 30.000 gargantas. Los ticos abortaron así la celebración salvadoreña. La fanaticada desató su malestar contra costarricenses y guatemaltecos, que, felices, se abrazaron en pleno centro de la cancha y fueron cubiertos de insultos.
Miembros del ejército intervinieron para custodiar al cuadro tico hasta el hotel Astoria, garantizándoles su seguridad. Pronto el sitio fue rodeado por una multitud, que llegó en actitud desafiante por la derrota de su equipo.
El Salvador y Guatemala empataron el primer puesto con nueve puntos, y debían jugar un desempate para definir el cetro. Pero la delegación chapina, tras la amarga experiencia de Costa Rica en el último juego, decidió retirarse del certamen, temerosa de lo que sobrevendría si ganaba.
Por orden presidencial, El Salvador tampoco quiso jugar y el Comité Organizador declaró desierto el II Campeonato Centroamericano y del Caribe, con lo cual el trofeo Rafael Angel Calderón Guardia, donado en 1941, fue entregado en custodia a la delegación de Nicaragua. Así Costa Rica, sin justificación valedera, tuvo que confomarse con el tercer lugar.