El milagro de Tegucigalpa

"Costa Rica 1955, una maquinita bien aceitada...", asegura Chelato Uclés


Jose de la Paz Herrera Chelato Ucles (*)
Especial para La Nación

egucigalpa (Honduras). Aquella Selección Nacional de Costa Rica que participó en el VII Campeonato Centroamericano y del Caribe, en Honduras, hace 42 años, en 1955, era una maquinita bien aceitada, que funcionaba colectivamente, con todas sus piezas bien ajustadas.

Yo, en ese entonces, era un niño de 13 años, que disfrutaba intensamente del futbol y estaba en capacidad de hacer apreciaciones porque mis tíos eran futbolistas del Olimpia y Motagua, y se la pasaban analizando los detalles del juego, algo que me sirvió para captar y admirar aquel equipazo de Costa Rica, que nos hizo temblar cuando le ganó 9 a 1 a Guatemala en un amistoso previo.

Ese torneo se realizó en el Estadio Nacional de Tegucigalpa, del 14 al 28 de agosto de 1955, y fue todo un acontecimiento. Para mí, fue muy lindo porque movilizó a todo el país, hubo buena organización y trabajos de remodelación en el escenario.

Aquel equipo tico forma parte de mi gran recuerdo de juventud. Como si fuera hoy, pude grabar en mi retina esos partidos de Costa Rica, hasta en el orden en que se jugaron y de todos sus integrantes. Ahí les va la lista de aquella maravilla, que despertó una pasión y simpatía que hoy perduran:

  • Porteros: Hernán Alvarado, Mario Flaco Pérez y Carlos Alvarado.

  • Defensas: Rey Orozco, Jorge Palmareño Solís, Mario Catato Cordero, Max Villalobos, Alex Sánchez e Isidro Williams.

  • Volantes: Edgar Quesada, Edgar Negro Esquivel, Marvin Rodríguez, Constantino Tulio Quirós y Alvaro Murillo.

  • Delanteros: Rodolfo Herrera, Carlos Vivó Gobán, Jorge Hernán Cuty Monge, Juan Ulloa, Mario Murillo, Mardoqueo González, Danilo Montero, Rubén Rata Jiménez y Oscar Cuico Bejarano.

    Nunca vi tanta abundancia en una selección como esta. Yo le doy el mérito al técnico, Alfredo Chato Piedra, quien supo armar y conjuntar muy bien a esa cantidad de buenos jugadores, que siempre mantenían un despliegue ofensivo los 90 minutos y tenían un bagaje para hacer el gol de distinta manera, con sus cañoneros Herrera, Jiménez y Mario Murillo, o sus técnicos virtuosos, de precisión increíble, encabezados por Cuty Monge y Alvaro Murillo.

    En resumen, era un bloque sin fisuras, al que costaba hacerle un gol. Había hombres y jugadores. Con fieras en la defensa y goleadores en el ataque, todos sabían tocar la pelota con simplicidad y no había troncos. Ese, para mí, fue el gran milagro del equipo en Tegucigalpa.

    Aquí, insisto, se gestó un gran equipo, superior al que se presentó un año después en el Panamericano de 1956, en México, llamado luego los Chaparritos de Oro, pero donde no estuvieron Max Villalobos, Juan Ulloa, Mardoqueo González ni Vivó Gobán.

    Grandes partidos

    Recuerdo que en la fecha de inauguración jugó el partido de fondo ante Aruba y vi algo distinto a lo que había visto.

    Estuvo ganando 3 a 0 y al final los caribeños hicieron dos goles, en una reacción inesperada que no lo enloqueció.

    Escalando de victoria en victoria, Piedra se dio lujo de cambiar a casi todo el conjunto titular y, con suplentes muy buenos, Costa Rica goleó 6 a 0 a Cuba.

    Volvieron los titulares frente a El Salvador y barrió 4 a 0, con neta superioridad.

    Una verdadera batalla campal se presentó luego contra Guatemala, al que vencía 2 a 0, hasta que fue suspendido el juego en el segundo tiempo.

    A Curazao (Antillas Holandesas) le ganaban 2 a 0 con comodidad, pero en una jugada de confianza, Edgar Quesada le devolvió el balón a Hernán Alvarado y se la pasó por encima de la cabeza, para meter un autogol; 2 a 1.

    Ya ahí tenía liquidado el campeonato a su favor. Costa Rica jugó su último partido frente a Honduras y solo le bastaba un empate para superar a Curazao. Ganó muy tranquilo 2 a 1 y con picardía sostuvo el marcador. Al final dio la acostumbrada vuelta olímpica, en un acto que me emocionó muchísimo. ¡Cómo olvidar ese momento supremo!

    (*) Director técnico de la selección de Honduras en la Copa Mundial de España 1982


    [Pie de foto: El arquero hondureño Brujo Martínez desvía con dificultad un balón que pretendían Rodolfo Herrera y Mardoqueo González. Costa Rica venció 2 a 1 y obtuvo esa vez el campeonato regional de 1955.]


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