Allende, un mito
SANTIAGO, (Reuters) Un cuarto de siglo después de su muerte, la figura del ex presidente socialista chileno Salvador Allende adquirió dimensiones míticas que él nunca habría imaginado. Para unos es el catalizador de los anhelos de los obreros y las masas desposeídas de Chile, mientras otros lo vieron como el causante de un caos administrativo o un agente del comnismo internacional. Todavía se recuerda la imagen del presidente ataviado con un casco militar y armado con un fusil que defendía lo que quedaba de su gobierno, en medio del feroz ataque militar a la casa presidencial de La Moneda con que comenzó el golpe de estado que acabaría con su régimen. Allende se convirtió así en el primer muerto del gobierno militar, que dejó un saldo de más de 3.000 víctimas de la violencia política. El recuerdo de los tres años que pasó en el gobierno, al frente de la Unidad Popular, una coalición heterogénea de partidos de izquierda, todavía despierta pasiones en Chile. Así quedó demostrado el 4 de septiembre, cuando 65.000 personas se congregaron en el Estadio Nacional para rendirle un homenaje en el 25 aniversario de su muerte realizando un acto cultural que contó con artistas nacionales y extranjeros. Otros tributos se le hicieron en los últimos días en España y México. "Mi padre siempre habló de una vía chilena al socialismo, con eso quería abrir espacio a una sociedad socialista en democracia, pluralismo y libertad", explicó la hija del ex presidente, la diputada Isabel Allende. Sostuvo, en una entrevista, que "en la concepción de Salvador Allende, democracia y socialismo eran uno solo... en ese sentido se adelantó a su tiempo, porque en los años 70 la izquierda latinoamericana se debatía en las vías armadas". En palabras del propio Salvador Allende, lo que buscaba era un socialismo "con olor a vino tinto y empanadas". Pero sus detractores lo ven como un fallido estadista que nunca pudo controlar a los bandos que conformaron su coalición. "Salvador Allende creía tener la condición de un buen capitán alimentando sus infantiles sueños revolucionarios", escribió el ex vicecomandante del ejército Julio Canessa en su libro "Pinochet y la restauración del consenso nacional". Igualmente, el ex presidente demócrata cristiano Patricio Aylwin considera que las condiciones humanas de Allende eran intachables, pero que su gobierno fue un fracaso. "Allende era un ejemplo de moral y consecuencia, pero fue muy mal estadista", según Aylwin. Más generoso en su recuerdo fue Pinochet, quien comentó en una entrevista reciente que como presidente Allende "trató de hacer lo mejor y no lo hizo bien... El problema fue que trató de hacerlo basado en ideologías extranjeras". Según el filósofo Miguel Orellana, el fracaso del gobierno de la Unidad Popular comenzó por la ideologización que se produjo en el interior de la coalición y en sus relaciones con los otros partidos del país. "Allende quedó atrapado en medio de disputas retóricas acerca de cuál era la estrategia realmente revolucionaria para alcanzar el socialismo y qué, exactamente, se requería para conquistarlo", escribió Orellana en su libro "Allende, alma en pena". Comentó que mientras el Partido Comunista favorecía una estrategia gradualista, los socialistas propugnaban por la estrategia rupturista, reflejada en el eslogan de "avanzar sin transar". "Debilitado por la pugna interna de sus partidarios e inmovilizado por cadenas de múltiples obstáculos puestos en su camino por sus opositores nacionales y foráneos, la vía chilena al socialismo de Allende culminó en un estrepitoso fracaso y la destrucción del sistema democrático liberal", según Orellana. El fin del gobierno popular quedó dramáticamente reflejado en el bombardeo de la casa presidencial de La Moneda, símbolo del poder que Allende quiso poner en manos del pueblo. "Yo no voy a renunciar", advirtió en su última alocución radial. "Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo". Como presagiando el período que se avecinaba, dijo que "superarán otros hombres el momento gris y amargo donde la traición pretende imponerse. Mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor". Edición periodística: Adriana Quirós Robinson, La Nación Digital. Recopilación de material: Esteban Oviedo
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