El equipo de Inglaterra no impresionaba en la Copa Mundial de 1966 por su riqueza técnica ni por su imaginación, aspecto en los cuales el otro finalista, Alemania Occidental, se mostraba superior. Sin embargo, la potencia y el desplazamiento en bloque del posterior campeón, resultaron demoledores.
Los ingleses fueron locales y no gastaron grandes sumas en infraestructura ya que disponían de muy buenos recintos, remodelados para tan especial hecho: la octava edición del torneo. La actividad regresaba así a su lugar de origen, tras el congreso de la FIFA en Roma (Italia), en 1960, que les otorgó la sede a los inventores del futbol moderno.

Fue el "Mundial de robo", y no en el aspecto puramente deportivo, ligado con los arbitrajes. El 5 de enero de 1966, sir Stanley Rous, entonces presidente de la FIFA y alta figura del balompié inglés, recibió en custodia la estatuilla de oro, que representaba la Copa Jules Rimet.
Días más tarde, el 20 de marzo, el trofeo desapareció del Central Hill de Westminster, donde, facilitada a una exposición de sellos de correos, estaba en exhibición. Scotland Yard comenzó la búsqueda incesante por el país, pero el 27 de marzo un perrito, Pickles, ocupó los titulares de la prensa mundial...
La sensacional novedad estableció que Pickles había encontrado el trofeo envuelto en papeles de diario, en un jardín de Bealah Hill, un suburbio al sur de Londres. Precisamente, el distrito en que detectives y perros policías habían desarrollado una intensa búsqueda.
En el denominado "Mundial defensivo", Suramérica fue borrado totalmente de las luchas decisivas de 1966. Brasil y Chile quedaron eliminados en la primera ronda. Chile, por razones estrictamente futbolísticas, en una zona donde la presencia de la Unión Soviética dominaba ampliamente y en la que el inexperto Corea del Norte dio una sorpresa humillante: mandó a Italia de vuelta a casa.
En el caso de Brasil, Hungría y Portugal le ganaron jugando en gran forma, pero debió soportar arbitrajes cargados de tolerancia y de complicidad hacia el juego malintencionado, por momentos descarado, que se practicó contra Pelé.
El astro brasileño no pudo jugar el segundo encuentro frente a Hungría, a raíz de los golpes recibidos ante Bulgaria (anotó un gol), sin contar con la más mínima protección del juez alemán federal Kurt Tschenscher.
Pelé volvió frente a Portugal, para intentar la recuperación brasileña y el pase a los cuartos de final. Pero el juez inglés, George McCabe, admitió sin tomar determinación alguna, que Pelé fuera eliminado físicamente del partido, por dos patadas sucesivas y criminales del portugués Joao Morais.
Uruguay y Argentina duraron hasta cuartos de final. El Comité Organizador designó árbitros de países comprometidos en esa fase de la competencia: el alemán federal Rudolf Kreitlein, para dirigir Inglaterra-Argentina, en Wembley, y el inglés James Finney, para Alemania-Uruguay, en Sheffield.
A los uruguayos les negó un claro penal de Karl-Heinz Schnellinger, cuando la pelota entraba y les expulsó dos jugadores: Horacio Troche y Héctor Silva. A los argentinos, Kreitlein amonestó por faltas que no lo merecían y finalmente expulsó a Antonio Rattin en castigo por su protesta airada a raíz de una falta brusca de Stiles. Así salió a flote uno de los escándalos más grandes de los Mundiales.
Alf Ramsey, técnico local, consiguió lo que se había propuesto: sacar a su equipo campeón y lograr para sí el título de "sir". Aspero y polémico, pero capaz de cumplir con todos los objetivos que se propusiera de brindar gran lealtad a los hombres que le eran fieles. Fue muy cuestionado al principio de su gestión, pero a medida que fue consiguiendo resultados favorables, se hizo intocable.
Ramsey fue terminante desde el primer día de entrenamiento. "Les espera un período ininterrumpido de prácticas. Sin escapadas al exterior... Si a alguno se le ocurre escapar a tomarse una copa, será expulsado sin contemplaciones. A todo aquel que no se sienta en condiciones de soportarlo, se le invita a decirlo ahora y a retirarse a tiempo... sin rencor."
El cuadro inglés giraba alrededor de un conductor sapiente y generoso en su despliegue por todo el campo: Robert Bobby Charlton. Tenía un gran arquero, el mejor de todo el torneo: Gordon Banks.
Una línea de cuatro zagueros superprotegida, por sus tres mediocampistas, en la que sobresalían la clase y la prestancia de su capitán y conductor, Robert Bobby Moore.
En el centro del campo accionaba Norbert Nobby Stiles, hombre libre delante de la línea de fondo, destinado a la recuperación de la pelota, marcar al hombre más temible del equipo rival y ensuciar el partido con brusquedades, cuando Inglaterra perdía el control del juego.
A sus costados accionaban Bobby Charlton, Martin Peters y el pelirrojo Alan Ball, mitad puntero, mitad volante. Arriba quedaban Róger Hunt y el famoso Jimmy Greaves, reemplazado por Geoffrey Hurst, con menos maniobra y aceleración en espacios reducidos, pero con alto poder para el gol.
En la final en el estadio imperial de Wembley, la catedral del futbol, que tenían ganada 2 a 1 en los 90 minutos, los alemanes empataron con un agónico impacto de Wolfgang Weber, obligándolos a jugar un alargue de 30 minutos adicionales.
Se suponía esa vez que un equipo que había perdido su oportunidad en el último segundo de juego, iba a sufrir ese impacto emocional.
Pero no fue así. En esa media hora final, los ingleses les pasaron por encima a sus rivales, hasta ponerse 4 a 2. Lástima, sin embargo, que el tercer gol concedido por el árbitro suizo Dienst, a instancias del línea soviético Tofik Bakhramov, haya dejado serias dudas sobre su concreción.
Todavía hoy, documentada por las tomas de la televisión, los germanos siguen discutiendo si el remate de Hurst entró o no entró después de rebotar en el travesaño... El último tanto, también de Hurst, en soberbio remate, se produjo cuando varios aficionados habían invadido el campo.
Inglaterra 4, Alemania 2. Los locales, por fin, ratificaban que no solo eran los inventores del futbol moderno, sino que tenían la jerarquía de los grandes campeones. Detrás de los gritos de euforia, siguieron la polémica y las suspicacias por el tercer tanto, que les dejó la copa de campeones. ¿Fue gol?