Copa Mundial

¡El Maracanazo!

  • La epopeya celeste, leyenda épica en los Mundiales, enmudeció a 200.000 gargantas brasileñas, en 1950
  • Ahí estaba el silencio. Eso es el silencio. Doscientas mil almas reunidas y apenas si se siente el silbido del viento. Y son 200.000 almas brasileñas. De esas almas tan sensibles, que con cualquier excusa arman un carnaval.

    Si hasta hace un minuto cantaban... Si hasta hace un minuto eran campeones mundiales de futbol... Pero hace un minuto que están en un silencio imponente. Y parece un siglo.

    Escenario: estadio Maracaná, en Río de Janeiro, Brasil. Fecha: 16 de julio de 1950. Motivo: juego clave de la rueda final, por el cetro de la Copa Mundial de Fútbol. Protagonistas: las selecciones de Brasil y Uruguay.

    Héroes. Los 11 valientes uruguayos que derrotaron a 200.000 brasileños. Arriba (de izquierda a derecha): Varela, López (entrenador), González, dos masajistas, Gambetta, Tejera, Máspoli y Rodríguez Andrade. Abajo: Ghiggia, Pérez, Míguez, Schiaffino y Morán.

    Y todo parecía programado pues Brasil, además de poseer un equipo brillante, había hecho lo necesario para ganar el Campeonato...

    Lo primero fue obtener la sede y la organización de la competencia en el congreso de la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) del 1º de julio de 1946, en Luxemburgo, una vez que pasó la Segunda Guerra Mundial y se acordó la reanudación de los torneos mundiales, a partir de 1950.

    Una maravilla, varias sorpresas

    Ahí no quedó todo. Desde 1948, los organizadores invirtieron un dineral e iniciaron la construcción de una gigantesca mole circular, con espacio para 180.000 espectadores, que se convirtió en el mayor recinto deportivo del mundo, en el barrio Maracaná, para "escenificar" la consagración de su futbol.

    "La octava maravilla del mundo" o "el altar del triunfo de los dioses del fútbol", como exageradamente lo bautizaron periodistas de Río, quedó listo un mes antes del Mundial, tras 22 meses de ardua labor, en la que participaron unos 2.000 obreros que trabajaron día y noche.

    A Brasil solo llegaron 13 equipos. Mientras Alemania fue desafiliada por razones ajenas al deporte, otros como Argentina, Perú, Ecuador, Austria, Bélgica, Bulgaria, Checoslovaquia, Filipinas, Hungría, Polonia, Rumania, Escocia, Francia, Portugal, Turquía, Birmania e India, dijeron no, por motivos políticos, económicos o porque renunciaron una vez jugada la eliminatoria.

    Italia cumplió con el reto de ir a defender su título, pero lo hizo debilitado. En 1948, su futbol había sido víctima de la tragedia aérea de Superga, Turín. El avión donde viajaba el Torino -base del cuadro azzurro- chocó con la torre de una iglesia cuando regresaba de Lisboa y, como consecuencia, murieron sus 31 tripulantes.

    También por primera vez, Inglaterra asistió y produjo una de las grandes sorpresas: cayó 1-0 ante Estados Unidos, con gol de Larry Gaetjens, nacido en Nueva York, con ascendencia haitiana. Los teletipos decían: "Confirmen. Esta noticia es imposible." Y por igual marcador perdió ante España, con tanto de Telmo Zarra. Así, los inventores del futbol moderno, en un fracaso estrepitoso, quedaron descalificados.

    A medida que pasaban los partidos, nadie dudaba de que Brasil sería el campeón. Sin embargo, el día de la final, con Uruguay, todo fue distinto...

    La gran hazaña

    Los auriverdes llegaron a la finalísima con un punto de ventaja en la ronda final del torneo y el aliento incondicional de 200.000 aficionados. Todo estaba a su favor. Nadie dudaba de quién sería el título. Nadie, salvo 11 valientes uruguayos, que se habían juramentado: "Cumplidos, solo si ganamos..."

    Friaça, a los 47 minutos, puso a Brasil en ventaja. Delirio en todo el país. Grito ensordecedor en las tribunas. Todo el mundo esperaba que trituraran a los celestes...

    Pero, a los 65', por una defensiva local titubeante, Juan Schiaffino empalma un remate e iguala para Uruguay. El 1 a 1 se hace grande en la pizarra. Se acerca el final. Con el empate, Brasil igual se clasifica monarca, aunque la gente súbitamente pierde alegría, como si presintiera lo que iba a ocurrir.

    Quedaban 12 minutos. El entreala uruguayo Julio Pérez tomó la pelota a la altura de la línea media de Brasil y se la entregó corta a Alcides Ghiggia. El puntero entró en diagonal...

    "Yo veía que me acercaba a los palos blancos y corría, corría... derecho al arco, pero con poco ángulo", recuerda el autor.

    Schiaffino entraba por el medio, como en el gol del empate, pero esta vez Ghiggia prefiere cambiar: un amague, el arquero local Barbosa se abre para tapar el centro y deja justo un hueco, entre su cuerpo y el poste izquierdo...

    "Tiré con efecto... Barbosa la alcanzó a arañar... Pero no la contuvo... Me di vuelta gritando el gol y los muchachos casi me matan con los abrazos... Era una cosa extraña: solo el grito de nosotros se escuchaba, ante 200.000 brasileños que no lo podían creer. ¡Eramos los campeones...!"

    Un silencio helado cubrió el Maracaná, cuando se escuchó el pitazo final del inglés Reader. Uruguay 2, Brasil 1. Hubo estupor en un pueblo que tiene como religión el futbol. Lágrimas en miles de ojos. Y hasta suicidios, como el de un sargento de las Fuerzas Armadas brasileñas, que dijo: "Brasil murió."

    La derrota dio lugar al caos, relató Jules Rimet, jerarca de la FIFA. "Cuando bajé del palco oficial, el juego estaba empatado. Cinco minutos más tarde, a la salida del túnel, un silencio sepulcral reemplazó al tumulto. No hubo himno ni discurso oficial. Me encontré solo, empujado por todas partes hasta que, con el trofeo en la mano, casi a escondidas, pude entregarlo al capitán uruguayo, estrechándole la mano sin poder decirle una sola palabra."

    Uruguay retornó a la Copa tras una ausencia desde 1930 y refrendó su supremacía mundial, con un futbol de garra y coraje, basado en el temperamento, la simpleza y la versatilidad. Y el silencio desplazó al carnaval. Todo por culpa de Ghiggia.



    Vuelve a 1950