Copa Mundial

Italia, a la fuerza...

  • Bajo el espectro de Mussolini, "su ayudante de campo", el calcio ganó su primer cetro mundial
  • El general Giorgio Vaccaro, presidente del Comité Olímpico, el máximo organismo del deporte italiano en 1934, abandonó preocupado el despacho del Palacio Venecia, en el centro de Roma.

    Festeja Italia. Los jugadores azzurri, en el centro del campo, alzan en hombros a Vittorio Pozzo, director técnico del equipo. La hazaña, en la que pocos creían al inicio del torneo mundialista de 1934, se había cumplido.

    Minutos antes había chocado sus talones en una actitud solemne, marcial y levantado su brazo derecho, aceptando lo que el Duce, Benito Mussolini, había ordenado...

    -No sé cómo hará, general... pero Italia debe ganar este Campeonato Mundial.

    -Haremos todo lo posible, Duce...

    -Creo que usted no me ha entendido bien, general. He dicho que Italia debe ganar este Campeonato Mundial. Tómelo como una orden...

    Vaccaro, casi pálido, dio media vuelta y salió. Estaba claro. Si il Duce lo decía, se debía cumplir.

    Lo que no pudo decirle al dictador fue que hasta ahí todo había marchado muy bien; que presionando políticamente a Jules Rimet y a la gente de la FIFA y de las federaciones, se había conseguido la sede para Italia, pero otra cosa muy distinta sería ganar en la cancha porque adentro definen los jugadores.

    En Europa, la situación política se tornaba cada día más agitada. Bajo el impulso de Adolfo Hitler en Alemania, el fascismo ganaba terreno. Particularmente en la Italia de Mussolini, donde el Duce movilizaba a todo el país detrás de un objetivo: el triunfo de la squadra azzurra, a cualquier precio.

    Esa política dura de il Duce trajo los primeros problemas a los organizadores, un año antes de la fase final. Las inscripciones debían realizarse hasta el 28 de febrero de 1933 y para esa fecha se habían anotado solo 27 naciones. Cinco más se registraron tarde, pero, ante tan pocos participantes, la FIFA decidió admitirlos.

    Estos hechos le restaron trascendencia a la Copa, donde todo quedaba a pedir de boca para Italia, reforzada por una legión extranjera suramericana que le otorgaba al equipo local la cuota de habilidad y picardía que no poseía todavía. Se trataba de los los argentinos Raimundo Orsi, Luis Monti, Enrique Guaita y Atilio Demaría, además del brasileño Anfilogino Guarisi.

    Pasajes difíciles

    El inicio del campeonato fue un tremendo bullicio, con un público fanatizado. En el palco de honor se veían las nobles presencias del príncipe de Piamonte, de las princesas Giovanna de Savoya y Mafalda D'Assia, y de Benito Mussolini, a quien acompañaba la menor de sus hijas.

    Todos esos miembros de la realeza se hicieron presentes en Roma, para aplaudir la goleada que Italia le propinaba al débil Estados Unidos, por 7-1. Era el 27 de mayo de 1934. Ese mismo día, en Génova, España terminaba con las ilusiones brasileñas y, en Bolonia, Suecia eliminaba a Argentina. Suramérica quedaba así sin representantes.

    En los cuartos de final se verían dos partidos espectaculares. El duelo centroeuropeo entre Austria y Hungría, en Roma, donde se enfrentaron los mejores centrodelanteros del mundo: Matthías Sindelar y Gyorgy Sarosi. Futbol y goles. Ganó Austria, 2 a 1.

    Sindelar, un tanque rubio de mucha habilidad, conocido como el Mozart del futbol, tuvo un final trágico, a la edad de 35 años. El 23 de enero de 1939, en Viena, ya cuando Austria estaba anexada a la Alemania nazi, él y su esposa, Camilla Castagnola, decidieron poner fin a sus vidas, inhalando el gas de la cocina. Ambos eran judíos...

    En Florencia, en cambio, hubo una "guerra" entre italianos y españoles, que necesitaron dos partidos de cuartos de final, con tiempos extras en el primero, para decidir el pasaporte a las semifinales. Fue una masacre e Italia ganó el segundo por 1 a 0, luego de lesionar a los dos arqueros españoles: Ricardo El Divino Zamora -considerado por muchos el mejor arquero de todo los tiempos- en el primer partido, y Nogués, en la segunda confrontación.

    El triunfo de Italia fue casi un decreto. Los árbitros de aquellos partidos, el belga Louis Baert y el suizo René Mercet, luego fueron expulsados por la FIFA.

    El dramatismo final

    Ya en las semifinales, Checoslovaquia, donde sobresalían Planicka, Kostalek, Puc y Nejedly, venció a Alemania, 3 a 1. Italia y Austria, por su lado, ofrecieron un hermoso espectáculo en Milán. Orsi fue la gran figura de esa tarde y Guaita el autor del gol azzurro para el 1 a 0 con que finalizó la contienda.

    Y ya estaba la final lista: Italia-Checoslovaquia. Dos estilos diferentes. Más hábiles los locales, más fuertes los checos...

    A los 72 minutos, Antonín Puc, ante el estupor de todos, puso en ventaja a los suyos. El Duce, con su cortejo de duques, príncipes y princesas, lucía desilusionado en el palco. Vaccaro sufría. Todo parecía perdido para Italia.

    Pero a ocho minutos del final, Raimundo Orsi estableció el 1 a 1, en forma espectacular, y en el tiempo suplementario, Angelo Schiavio alcanzó luego la diferencia, ante centro de Guaita. Italia era campeón mundial.

    Cuando el 10 de junio de 1934, la gente se lanzó a las calles cantando el himno La Giovinezza, no solo ellos estaban contentos por el título: también los jugadores y el director técnico, Vittorio Pozzo, quienes presionados por il Duce, se habían jugado literalmente la cabeza por el triunfo.

    "Este éxito premió la seriedad, la entereza moral, el espíritu de abnegación y la firme voluntad de un puñado de hombres que, por defender los colores de Italia, no dudaron en aislarse del mundo durante 40 días, privándose de cualquier comodidad y ajustándose a una férrea disciplina...", escribió Pozzo, con orgullo, un día después en el diario La Stampa.

    Afortunadamente, lo lograron con lo mejor que tenían; desafortunadamente también, la política había llegado a la Copa del Mundo, a pesar de que en Roma flameaba por primera vez la bandera de la FIFA.

    Grita Mussolini, respira Vaccaro, cuando ambos vieron a los hombres azzurri recibir la Copa Mundial en señal de triunfo. Un final feliz para Italia.



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