Cuando el seleccionador argentino César Luis Menotti escogió al equipo para el Mundial 1978, muchos dudaron de la capacidad de Mario Alberto Kempes, quien no había logrado anotar en la edición de 1974. Pero la elección resultó: el atacante finalizó campeón goleador de la competencia.
Tras los seis goles en la copa y la temible potencia que le imprimió al cuadro monarca, la prensa cambió su nombre al explosivo apodo del Matador.
Nacido el 15 de julio de 1954, en Bell Ville, Córdoba, comenzó, a los 19 años, en el Instituto Central de Córdoba. Su contundencia, pundonor y goles desde todos los ángulos, lo proyectaron tres años con Rosario Central.
En 1976, sin pasar por ningún club bonaerense, el Valencia de España lo fichó. Allí, con esa casaca, ganó dos premios seguidos como goleador absoluto y los cetros de la Recopa y Supercopa europeas.
De regreso de Europa, campeonizó en 1981 con River Plate. Se despidió de la Selección en el Mundial 82 y completó 20 tantos en 43 juegos. Regresó al Valencia en el 82 y luego a tiempo para salvar al español Hércules del descenso. De inmediato participó con los clubes austriacos Viena, Saint Pölten y Kremser, hasta 1992.
Con 42 años, concluyó su carrera en la segunda división chilena, en el Arturo Fernández Vial, de Concepción. Sumó 276 goles en 494 juegos. Prosiguió con la vida de técnico; dirigió al Valencia y al Lushnja de Albania. Hoy admi- nistra una escuela deportiva en su natal Córdoba y participa los domingos en un programa televisivo de entretenimiento, ligado al futbol.