Nadie hubiera pensado que un polaco anotaría el mayor número de goles en el Mundial de 1974. Ni los propios polacos imaginaron que sería un joven fantástico e indisciplinado quien consiguiera tal hazaña, pues en un inicio ni siquiera estaba incluido en el equipo estelar del torneo.
Grzegorz Lato llegó a última hora para sustituir a Wlodzimierz Lubanski, su estrella, que no se encontraba en forma. Pero fue una de las revelaciones del Mundial, donde terminó como máximo verdugo (7 tantos) y ayudó al país para que ocupara la tercera casilla.
Nacido el 8 de abril de 1950 e insustituible en el Stal Mielec, donde debutó ganó dos títulos (1972-73 y 1975-76), su trayectoria no paró ahí y siguió en el seleccionado polaco, con el que fijó al final de su carrera 104 juegos internacionales, entre 1971 y 1982.
Así, con su pelo escaso, se presentó a los Mundiales de Argentina 78 y España 82, en los que todavía destacó por su definición. Pero Polonia no volvió a tener el éxito que alcanzó en las Olimpiadas de 1972 (oro) y 1976 (plata), así como en el Mundial de 1974.
Su olfato de gol, velocidad, centros perfectos y desbordes irresistible,s no pasaron inadvertidos y acabó en la planilla del Lokeren de Bélgica. Más tarde, fue media punta en el Atlante de México y el balompié canadiense.
Desde su vuelta a Polonia, Lato cayó en el anonimato internacional, aunque entrenó a varios equipos de la Primera División, incluido el Stal Mielec, el club de sus amores en el sureste polaco, y fungió como asesor de la Federación de Fútbol de su país. Fue hospitalizado en abril de 1992 por problemas cardiacos, que, en su caso, no pasaron a más.