Hace ochos años, en el inolvidable debut de Costa Rica en el Mundial Italia 90, nuestra meta era demostrar que con trabajo, disciplina y humildad se puede aspirar siempre a cosechar cosas positivas.
Y esa actitud la mantuvimos el 11 de junio, fecha del primer juego ante Escocia. El ambiente en la concentración era silencioso, pero la tensión nos quería acompañar.
De camino al estadio Luigi Ferraris le pedí a Dios que me diera fuerza de voluntad, para hacer bien mi trabajo. Me sentía demasiado tranquilo y eso no me gustaba.
Al escuchar el Himno Nacional de Costa Rica, sentí una emoción indescriptible y, por un instante, recordé todo el esfuerzo que había tenido que realizar para vivir ese momento inolvidable.
El esfuerzo fue al máximo y quedamos exhaustos, pero lo que habíamos logrado era grandioso. "Costarica 1, Scotland 0", decía el letrero. ¡Qué emocionante!
Seguíamos soñando. Después de caer por la mínima frente a Brasil (0 a 1), en Turín, venía Suecia. Se trataba del partido más importante. La clasificación a la segunda ronda dependía de ese compromiso.
Otra vez la situación era tirante, y sabíamos que Suecia trataría de presionarnos desde el inicio. Cometimos varios errores, que nos hizo lucir mal. El gol en contra nos dolió, sobre todo a mí, porque debí seguir el remate y apoyar a Gabelo Conejo con mayor determinación. Todo se nos esfumaba...
Durante el descanso, tras varias recriminaciones unos a otros, logramos calmarnos. Regresamos a la cancha con un solo objetivo: asegurar la clasificación. Logramos ubicarnos correctamente y comenzamos a jugar mejor.
La alegría del primer gol de Róger Flores, se transformó en una fuente de energía increíble. Cuando Hernán Medford hizo el segundo, fue maravilloso. Ahí le pedí a Dios que no nos arrebatara toda esa emoción que nos embargaba. Estábamos abriendo una página en la historia con letras de oro.
El sueño se hizo realidad. ¡Eramos protagonistas en un Mundial de futbol!
Terminamos nuestra participación ante Checoslovaquia, equipo de gran potencia y fortaleza física, con el que caímos eliminados 4 a 1, en Bari.
Italia 90 será recordada como una fase de gran trascedencia para los que tuvimos la dicha de ser elegidos. En lo personal, pensé que había triunfado. Logré llegar a una meta que parecía increíble y por la cual luché durante tanto tiempo.
Conseguí salvar obstáculos que, en ocasiones, me hicieron dudar de que lo lograría. El camino fue difícil; por eso, hoy recuerdo y disfruto con orgullo todo lo que obtuvimos con humildad.