En la mira del actor

Vencimos a los incrédulos

Dino Zoff
Arquero y capitán de Italia. Campeón mundial en 1982.


El día que en España 1982 pude levantar la Copa de la FIFA, fui el tipo más feliz del mundo. Era el desquite conmigo mismo y contra todos aquellos que, después del Mundial de Argentina 78, me culparon de la eliminación de Italia.

No tenía rencor, pero era una revancha. Esa era mi respuesta: ahí estaba la Copa en mis manos, en las del capitán campeón del mundo.

Ese momento lo había soñado mucho y fue ese sueño el que me dio fuerzas para no ceder ante nada: ni ante mis años (40 años, en ese entonces), ni ante las críticas que decían: "por qué no le dejas el lugar a otro..."

Era una felicidad que compartía con todos mis compañeros y el director técnico, Enzo Bearzot, porque ellos -como yo- debieron soportar demasiados sinsabores en el camino al campeonato.

"Tuvimos acierto..."

Creo que el título lo ganamos porque poseíamos algo fundamental: un planteo táctico acertado. Y contra todo lo que se dijo antes y después de la victoria, el sistema no fue defensivo.

Es cierto que la mentalidad del futbol italiano está muy influida por el cattenacio, pero Bearzot supo mantener una base de jugadores, se jugó por nosotros, y nos impuso un estilo de contraataque que, por momentos, fue muy ofensivo. Eso quedó claro durante el desarrollo del torneo.

Para conquistar un Mundial, hay que ganar siempre y nosotros dejamos atrás a todos los grandes, venciéndoles sin apelaciones. Derrotamos en fila a Argentina, Brasil, Polonia y Alemania.

La primera fase no la cuento porque Paolo Rossi aún no había encontrado su mejor nivel. Todos creíamos en él con una fe ciega y sobre todo Bearzot. No nos equivocamos. Paolo fue nuestra carta de triunfo cuando más lo necesitamos.

Guerra a la prensa

Si el futbol me dejó una alegría, fue ese título. Es que salimos de Italia sin que nadie diera un centavo por nosotros y terminamos sorprendiéndolos a todos. Creo que fue el triunfo de un gran grupo, con jugadores excepcionales como Rossi, Cabrini, Gentile, Tardelli, Conti y Bearzot... un técnico paternal.

Los diarios italianos nos trataron con una superficialidad bastante común. Y así como no nos veían candidatos, opinaban que la primera rueda iba a ser fácil. Batían palmas porque nuestros rivales eran Perú, Camerún y Polonia, y nadie se detenía a mirar los antecedentes...

Camerún era lo mejor de Africa, en ese momento. Perú traía una gran trayectoria mundialista, además de que había sido uno de los animadores del 70 y semifinalista en Argentina 78. Y Polonia siempre fue duro rival y con gran actuación en las copas de 1974 y 1978.

Pero Bearzot y nosotros sabíamos que no eran fáciles y que nos iba a costar.

También sabíamos que si pasábamos esa ronda, lo que vendría sería más fácil, porque los rivales serían más poderosos, es cierto; pero como tenían que atacar para ganar, nos dejarían la posibilidad de meter el contraataque y quedarnos nosotros con el triunfo.

Y así ocurrió. Y los críticos eso no lo perdonaron. Sabíamos más que ellos.

Abuelo campeón. El capitán italiano, Dino Zoff, con la copa en alto, tras recibirla de manos del rey Juan Carlos de España. Gentile lo grita. La alegría en su rostro, a los 40 años, como culminación de una gran carrera futbolística.


Vuelve a 1982