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La primera Copa del Mundo asiática culminó como un cuento de hadas. Ronaldo, la estrella resucitada, marcó los dos goles de una final inédita y con peso histórico, entre Brasil y Alemania, en un Mundial lleno de sorpresas.
Esta final lógica no logró hacer olvidar la inesperada presencia en semifinales de dos invitados sorpresa. Por un lado, Corea del Sur, aupada por la "marea roja" de sus hinchas, y, por otro, Turquía, cubierta de gloria en su segunda participación.
El torneo comenzó con algo inesperado, el 31 de mayo, en Seúl. Francia, vigente campeona, cayó de entrada ante Senegal. Los Leones de la Teranga africanos confirmaron posteriormente y llegaron a cuartos.
Incapaces de marcar un gol, los franceses abandonaron la competición, sin pena ni gloria, al cabo de la primera ronda.
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