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Por su parte, los equipos africanos estuvieron por debajo de las previsiones y, entre los favoritos, hubo serias decepciones. España se amilanó como siempre y no pasó de la primera fase, eliminada (0-0) por un Paraguay duro de roer capitaneado por el excéntrico portero José Luis Chilavert.
Argentina cumplió un papel un poco más digno. Venció en octavos en un electrizante encuentro a su eterno rival Inglaterra, aunque para ello tuvo que llegar a los penaltis. Los albicelestes se despidieron en cuartos ante la creativa Holanda de Kluivert, los hermanos De Boer y Seedorf.
Dinamarca cayó dignamente en cuartos contra Brasil, partido que supuso la despedida de Michael Laudrup, el mejor futbolista que ha dado este país. México también brilló. Perdió inmerecidamente en octavos contra una Alemania aburrida y jurásica.
Pero a Lothar Matthaus y los suyos los esperaba en cuartos la verdadera revelación del torneo, Croacia, comandada por Robert Prosinecki y Davor Suker, a la postre mejor goleador con seis tantos. Sólo los Francia pudó doblegarlos en semifinales (2-1). Con todo, lograron el tercer lugar.
Ya en la final, hubo un sólo equipo en el prófetico Estadio de Francia. Y una única estrella, Zinédine Zidane, autor de dos goles de cabeza. París estalló en fiesta, mientras del otro lado del Atlántico no había consuelo para los brasileños que, incrédulos, vieron evaporarse su quinto título mundial.
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