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Evitar a toda costa la derrota, éste podría haber sido el lema del Mundial de Italia 90, donde el buen fútbol y las ideas brillaron por su ausencia, no así las amonestaciones, 164, y las tarjetas rojas, 16. Además, esta cita ostenta el triste récord de menor promedio de goles: 2,21. La mayor fiesta del fútbol quedó desteñida por el conservadurismo.
Argentina, ganadora en la edición anterior, comenzó defraudando al perder ante un arrollador Camerún (1-0). De hecho, fue el único equipo, junto a Colombia, en mostrar un juego valiente y vistoso.
Ambos conjuntos se enfrentaron en octavos de final: 2-1 a favor de los africanos tras la prórroga con dos goles del incombustible Roger Milla, en ese momento con 38 años. El sueño camerunés se terminó en cuartos frente a Inglaterra, en un excelente encuentro, el mejor de la Copa, que acabó 3-2 en la prórroga.
Costa Rica, dirigida por el trotamundos Velibor Bora Milutinovic, también dejó un buen sabor de boca en su primera participación en un Mundial.
En la primera fase ganó, sin que nadie se lo esperara, a Escocia 1-0, aguantó el tipo con Brasil al perder por sólo 0-1 y venció a Suecia 2-1. Ni los ticos, locos de alegría, se lo creían, aunque Checolosvaquia los liquidó en octavos 4-1, con tres goles de cabeza del "gigante" Thomas Skuhravy.
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