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En la segunda fase, se quedó por el camino la anfitriona, España, que a diferencia de otros países que habían acogido el acontecimiento y dado su potencial, perdió ante Alemania (1-2) y sólo pudo empatar ante Inglaterra (0-0), lo que quitó cualquier posibilidad de pasar a semifinales.
La extraordinaria selección brasileña de Zico, Sócrates o Junior también quedó apeada frente a una Italia, que "despertó" gracias, sobre todo, al fabuloso artillero Paolo Rossi.
Rossi le encajó tres goles a los auriverdes (3-2) y, en semifinales, contra la Polonia de Grzegorz Lato y Zbigniew Boniek (2-0), volvió a brillar al marcar los dos goles de la victoria (2-0).
La otra semifinal fue de infarto. En Sevilla y bajo un sol de justicia, Francia, con un juego potente y deslumbrante gracias a jugadores como Platini, se enfrentó a una Alemania Occidental menos consistente pero con talentos como Rummenigge o Fischer.
Los 90 minutos concluyeron con empate a uno. A los 9 minutos de la prórroga, los galos vencían 3-1. Faltando 13, los germanos empataron. Se necesitaron dos tandas de penalti y una parada del portero alemán para resolver un partido dramático.
Pero las más de dos horas que duró el encuentro, pasaron factura en la final contra Italia. Los alemanes se derrumbaron en el Santiago Bernabéu ante una "squadra azurra" que no tuvo muchos problemas para imponerse por 3-1 y conquistar, sin convencer, su tercer título mundial.
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