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En la primera fase, destacaron dos selecciones "inesperadas": Austria, que llegaba a una fase final tras 20 años de ausencia, y Perú, que le sacó todo el jugo a experimentados jugadores como Teófilo Cubillas y Hugo Sotil. Los dos pasaron a la segunda fase, donde dos grupos de cuatro se disputaban en una liguilla el pase a la final. En cambio, España, Francia y Escocia, que se las prometían muy felices, se marcharon pronto a casa.
Holanda no tuvo mayores problemas para deshacerse de sus rivales y lograr el pase a la final, mientras que Argentina necesitaba, tras vencer a Polonia y empatar con un Brasil muy mediocre, meterle cuatro goles a Perú. El partido terminó con un abultado 6-0 a favor de los locales, un resultado sobre el que siempre ha recaído la sospecha de "tongo", desmentido por unos y otros.
Y llegó la tan ansiada final para los albicelestes, que coparon el estadio Monumental para jalear como nunca a los suyos ante un rival de altura que había visto escaparse el título cuatro años antes. Kempes -máximo goleador y héroe de la cita con seis tantos- comenzó marcando, ventaja que los holandeses neutralizaron a pocos minutos del final. Ya en la prórroga, Kempes nuevamente y Daniel Bertoni después sentenciaron el resultado ante la impotencia "naranja".
El capitén Daniel Passarella recibió la Copa del manos del dictador Jorge Videla. El país entero estalló de júbilo. Después de 48 años y 9 mundiales, Argentina lograba una victoria que ni una serie de irregularidades o un arbitraje muy favorable lograron empañar.
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