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De hecho, los centroeuropeos, arropados por jugadores que no paraban de moverse como Grzegorz Lato -mejor goleador del Mundial con siete tantos- Robert Gadocha, su compañero de la banda izquierda, o el centrocampista Kazimierz Deyna, lograron encaramarse hasta el tercer puesto a expensas de un Brasil sin Pelé, que no mostró ni por asomo la categoría de cuatro años atrás.
Los conjuntos sudamericanos, que contaban con buenos jugadores pero a los que faltaba compenetración, pasaron de puntillas por este Mundial. Uruguay y Chile se marcharon en la primera fase y, aunque Argentina pasó a la segunda, obtuvo después resultados mediocres que la descartaron.
Al final, se enfrentaron, como previsto, los dos favoritos, Holanda y la RFA. El partido, disputado en Múnich, comenzó con Cruyff derribado en el área por el alemán Berti Vogts, cuya misión era ser la sombra del astro holandés. Neeskens convirtió el penalti y todo pintaba bien para la "Naranja Mecánica".
Pero los alemanes contaban con sus armas infalibes, temple y coraje, determinantes ante la inmadurez e inexperiencia de los holandeses.
Breitner empató de penalti y Gerd Muller marcó en el minuto 43 el segundo gol, ajustada ventaja que Alemania supo conservar para inscribir su nombre por segunda vez en el palmarés mundial. A Cruyff le fallaron los nervios y jugó mal. Beckenbauer, por el contrario, condujo con mano firme a su selección hasta lo alto del podio.
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