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El centrocampista Koroman, que juega en el Porstmouth inglés, fue el único que salvó la ropa en la selección serbiomontenegrina, tras ingresar hacia el final de la primera parte, para detener las rápidas incursiones holandesas, y mostrar tenacidad y espíritu de lucha.
El otro jugador de los balcánicos que tampoco bajó los brazos y buscó la forma de penetrar en las filas contrarias fue el delantero, del Osasuna español, Savo Milosevic. Pero no encontró la compañía esperada en Mateja Kezman, un fantasma comparado con el jugador inteligente y veloz del Atlético de Madrid.
Ya que Holanda no se veía apurada ni dispuesta a tomar riesgos, el encuentro se volvió soporífero y sólo alterado por las profundas carreras de Robben (en la foto derecha) sobre el flanco derecho de la defensa de Serbia y Montenegro. A pesar de este juego cansino, el veterano portero holandés, de 35 años, sufrió calambres hacia el final del partido (foto izquierda).
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