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Passarella completó su trayectoria de futbolista en Italia, donde jugó primero para la Fiorentina y después para el Inter de Milán, antes de terminar en su adorado River, con el que conquistó un último -el sexto- campeonato argentino en la temporada 1988-89. Y del terreno pasó directamente al banquillo de los millonarios: lo entrenó hasta 1994 y ganó 3 torneos nacionales.
Pero más altos destinos esperaban al "Kaiser", como es conocido en su país. Tras el escándalo del dopaje de Maradona en el Mundial de EEUU, la selección necesitaba un buen revulsivo y lo tuvo a él. Impuso disciplina a macha martillo y vida monacal en las concentraciones, además de unos sistemas de juego mucho más defensivos.
Y los que no quisieron pasar por el aro se quedaron fuera, como el centrocampista Fernando Redondo, que se negó a cortarse el pelo, una de las normas Passarella. Gabriel Batistuta, "Batigol", tampoco figuraba en su lista de afectos "por razones técnicas".
Por aquella época también sufrió uno de golpes más duros de su vida, la muerte en un accidente de coche de su hijo Sebastián, de 18 años.
Con él, Argentina obtuvo la plata en los Juegos Olímpicos de Atlanta 96 y llegó hasta cuartos en el Mundial de Francia 98, donde cayeron ante Holanda. Al finalizar la competición dejó el cargo, en el que fue sustituido por Marcelo Bielsa.
En marzo 1999, toma las riendas de la selección uruguaya pero abandona en febrero 2001. Luego de una breve experiencia en el Parma, pasa a conducir al club mexicano de Monterrey, junto al cual gana el título en 2003.
Contratado por el Corinthians en marzo 2005, es despedido de sus funciones el 10 de mayo.
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