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En la primera vuelta (contra Hungría, Francia e Italia), Kempes se quedó mudo. Hubo que esperar a la segunda fase para que el famoso número 10, que jugaba con los calcetines bajados, marcara dos goles decisivos contra Polonia y Perú. El atlético delantero de larga cabellera negra y rizada repitió la hazaña en la final contra Holanda.
Terminó, con seis goles, a la cabeza de la clasificación de goleadores por delante el peruano Teófilo Cubillas y el holandés Robert Rensenbrink. Cuatro años más tarde, jugó todos los partidos de Argentina en el Mundial español, pero no logró marcar ni una sola vez. Así que Kempes fue el hombre de un sólo Mundial, el de 1978, aunque participó en tres fases finales.
Traspasado a River Plate en 1981, ganó ese año su único título nacional argentino, pero como el club no pudo acabar de pagar su pase, volvió al Valencia para la temporada 1981-82. Se quedó en España durante más de cuatro años antes de marcharse a Austria y terminar su carrera en un club chileno de segunda división en 1995.
Comenzó entonces su segunda etapa: la de entrenador. Después de dar la vuelta al mundo, recaló por fin en Bolivia, donde, tras entrenar a The Strongest de La Paz, se pasó al Blooming de Santa Cruz. De allí comenzó una nueva vida de "trotamundos": dirigió equipos de divisiones intermedias en Italia y España. Finalmente se muda a Nueva York para trabajar como comentarista en la televisión.
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