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En 1923, gana con Uruguay la Copa América, y en 1924, a sus 23 años, parte para los Juegos de París. Desde el primer minuto, Andrade entusiasma a los espectadores con su arte del regate, sus cambios de ritmo y su elegancia. Andrade no es un goleador, pero sabe ofrecerle ocasiones en oro al delantero Pedro Petrone.
Frente a Francia, Andrade marca un gol de antología, tras haber regateado a seis de sus adversarios.
Los uruguayos, capitaneados por José Nasazzi, se imponen en la final frente a Suiza por 3 a 0. En cinco partidos disputados marcan 20 goles y encajan solamente dos.
En 1928, Andrade es de nuevo seleccionado para los Juegos de Amsterdam. La final frente a Argentina, el rival de siempre, tiene que ser disputada de nuevo tras un primer empate 1-1. Uruguay ganará el segundo partido 2-1.
Uruguay volverá a encontrar a Argentina en la final de la primera Copa del Mundo en Montevideo que se juega el 30 de julio de 1930. Tras una primera parte catastrófica al final de la cual Uruguay pierde 2-1, Andrade, el único negro de la selección, hace una escena en los vestuarios con fuertes acentos nacionalistas: "No tenemos derecho a perder, afirma. Solamente son argentinos y nosotros somos uruguayos". La Celeste terminará por ganar 4-2.
Andrade, quien podía jugar en cualquier puesto, no sacará partido de sus éxitos deportivos y morirá prácticamente en la pobreza.
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