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Con su peinado "afro", su mal genio y sus enfados, Paul Breitner fue conocido como el rebelde del fútbol de Alemania occidental. Después de haber jugado en el Kolbermoor y el Freilassing, se unió al Bayern de Munich a los 19 años. En seguida fue convocado en el equipo nacional en el puesto de defensa lateral. Tenía sólo 20 años.
Su rapidez -era considerado un falso puntero- y la fueza de sus disparos lo convirtieron en un "defensor-goleador", que marcó 83 goles en 254 partidos en la Bundesliga.
En 1972 comenzó a curtir su palmarés: un título de campeón de Alemania, un campeonato de Europa de Naciones, y dos nuevos títulos de Bundesliga, en 1973 y 1974. Este último año fue particularmente bueno para Breitner. En mayo, el Bayern ganó la Copa de Europa de Clubes en una final en dos partidos frente al Atlético de Madrid, al que acabó aplastando 4-0.
Dos meses más tarde, en la Copa del Mundo, disputada en casa, demostró todo su poderío. En la final contra Holanda, el 7 de julio, los hombres de Helmut Schoen iban perdiendo desde el primer minuto por un penal de Johann Neeskens. Pero Breitner, autor de dos goles, empató, gracias también a un penalty. El "bombardero" Gerd Muller concedió la ventaja definitiva a la RFA.
A sus 23 años, Breitner ya había alzado la Copa del Mundo, la de Europa y la de Campeones, todos los títulos con los que puede soñar un jugador.
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