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* Costa Rica parece regresar hacia el
futbol artesanal que precedió Italia 90 Gustavo Jiménez M. Fráncfort. La Selección dio un salto hacia atrás en el tiempo y retrocedió con respecto a lo que había mostrado en el 2002. La caída en picada se demuestra claramente en los números:
cero puntos, versus cuatro de la vez pasada, y un impresionante promedio
de tres goles recibidos por partido. Mas el retroceso va más allá de lo que pueden indicar las cifras. La Selección tica mostró el peor futbol de sus tres participaciones mundialistas, una idea táctica a medio cocinar que confundió a los jugadores y facilitó las cosas a los rivales. En la cita de Corea el conjunto costarricense exhibió una respetable producción ofensiva, que incluso le permitió golpear dos veces la cabaña de Brasil, posterior campeón del mundo. El equipo jugaba a ganar, y quizás solo ante la verdeamarelha cometió la imprudencia de excederse en sus aventuras ofensivas. A China se le atacó desde el primer momento, y al difícil cuadro turco se le jugó de tú a tú. Se podía esperar que, con tal arrojo, la Selección se diera a respetar en su siguiente participación mundialista. Pero no fue así. Costa Rica retrocedió a la categoría de equipo comparsa. Fue una más de esas selecciones de relleno que solo llegan al Mundial a recibir goles y a servir como trampolín para otros conjuntos. Imagen. Sin autoridad para reclamar más protagonismo, y más bien con el temor de un debutante, la Tricolor le dejó una triste impresión al resto del mundo futbolero. Si Italia 90 había puesto al balompié costarricense en el centro del mapa, Alemania 2006 lo devuelve a la periferia. La Selección de Costa Rica queda en ese limbo de equipos que se clasifican gracias a la generosidad de la FIFA en la distribución de los cupos, pero que de ahí no pasan. La Tricolor sigue sin resolver sus problemas de identidad táctica, y fue uno de los grandes factores que desencadenó el descalabro. El cuerpo técnico cambió de propuesta pocos días antes del Mundial y resultó claro que los jugadores no terminaron de acomodarse a las variantes. El cuadro de futbolistas, por supuesto, también acumula responsabilidad. Los más veteranos no mostraron la estatura mundialista que en teoría adquirieron hace cuatro años, y reiteraron defectos que a esta altura deberían estar superados (como esperar que el árbitro les pite todas las faltas). Algunos de los más jóvenes, en tanto, tuvieron problemas para adaptarse al ritmo que implica un torneo de primer nivel. El propio entrenador Alexandre Guimaraes los reprendió públicamente luego de un desastroso fogueo. Con pésimos resultados, un estilo de juego que solo provocó tristeza y una imagen paupérrima ante el resto del planeta, Costa Rica amenaza con volver a la prehistoria del futbol artesanal. |
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