Xande
Brasil le
dio el futbol. Aqui hizo patria y carrera
Durante su infancia
en Brasil era común ver a Alexandre descalzo.
La escuela y el futbol acaparaban su tiempo.
|
|
1990
Tenía 31 años y fue
parte de la selección que jugó en Italia. Su nombre se
dio a conocer el 16 de junio, cuando se enfrentó con su país
natal y, unos días después, como el autor del genial pase
que dejó a Hernán Medford a un paso de aquel mítico
2-1 ante Suecia.
|
En los años 60, Tujica
era un pequeño barrio de Río de Janeiro, donde
el futbol era el platillo que se servía mañana,
tarde y noche.
Era una calle sin salida en la que, casi todos los días,
se juntaban los chiquillos descalzos y se armaba la pelada desde
las 2 p.m., hasta entrada la noche.
Ahí, el pequeño Alexandre se daba gusto corriendo
tras el balón hasta que el grito de doña María
Alice lo devolvía a la realidad.
Pero no había regañada para el cumiche de los Guimaraes,
porque él sabía cómo salir ileso. Llegaba
de la escuela Braga Carneiro, hacía la tarea y se iba a
jugar. ¿Las travesuras? Solo las que deparaba el balón.
“Más de un vidrio habré quebrado, pero no había
reclamos de los vecinos porque así como nos lo quebraban
a nosotros, nosotros a ellos”, recuerda Guima.
Sus primeras patadas en el futbol organizado las dio en Río
de Janeiro con un equipo de futbol salón llamado Satélite.
Y no era malo, pues ya tenía una invitación para
probar en las ligas menores del Fluminense cuando sus padres le
dieron la noticia de que se trasladarían a Costa Rica.
“Cuando me pidieron mi opinión, solo pregunté:
'¿Se
juega futbol ahí?'”. Eso era en 1971, y como la respuesta
fue positiva, aceptó venirse y cursó la secundaria
en el colegio Saint Francis.
Al acabar la secundaria, tenía claro su norte en la vida.
Y aunque su familia hizo maletas y se fue a México, él
se quedó a estudiar Educación Física y hacer
carrera en el futbol profesional.
Anécdotas
Un gran fanático
del Fluminense
Los domingos al Maracaná
Desde pequeño, Guima fue hincha del Fluminense, pero no
era de los fanáticos de perilla, no señor. Acompañado
por su padre, iba al Maracaná casi todos los domingos, enfundado
en la camiseta a rayas del club brasileño y brincando en
medio de la ultra. Quien lo ve ahora tan tranquilo, ¿ah?
En Río no existe
el baloncesto
La fiebre del Saint Francis
En Brasil nunca había jugado baloncesto, pero en el colegio
Saint Francis, su grupo de amigos era fiebre para los aros, y Guima,
se metió al equipo para no quedarse atrás. Lo que
empezó como una práctica casual, lo llevó a
jugar en Primera División con el equipo Asturias.
¿Bola... para qué?
Una sencilla explicación
Cuando se acercaba Navidad, el pequeño Alexandre casi siempre
pedía ropa, nada de tacos ni bolas. De hecho, en Brasil,
nunca tuvo su propio balón y la explicación es muy
sencilla: “Es que no era el más malo del barrio, así que
no tenía que llevar bola para que me dejaran jugar”,
dice con cierta modestia.