Excelente
alumno en la infancia, Wardy Alfaro, el soñador, no se aparta
de Dios
Su infancia
transcurrió en Quepos. En la escuela, era un
alumno de notas sobresalientes.
|
|
1990
Tenía 12 años y vio
todos los partidos de la Sele en su casa. El estómago se le hacía
un nudo cuando escuchaba el Himno Nacional y, aunque no lo admiraba antes,
Luis Gabelo Conejo se ganó la atención del chico, quien
empezaba a seguirle los pasos.
|
“El mayor de los tres hijos
de Lidiette Alfaro nació en Alajuela durante la última
hora de 1977, pero solo vivió tres meses en el Valle
Central. Su madre era maestra en la zona sur, así que
el primogénito se quedaba en Quepos, al cuidado de la
abuela materna.
Pero War no fue problema para doña María Dolores.
Desde pequeño fue tímido, reservado y excelente
estudiante. Llegaba de la escuela, hacía la tarea, comía
y se perdía el resto de la tarde. ¿Dónde...? ¿Adónde
más? A la plaza a mejenguear con sus primos y su hermano
James. A las 7 p.m. los mandaban a traer.
En 1987, la familia Alfaro regresó a Alajuela. Fijaron
la nueva residencia en Montecillos y ahí dejó crecer
su pasión por la portería. Fue arquero en la escuela
Maurilio Soto y el colegio Gregorio José Ramírez,
hasta que a los 17 años comenzó su carrera profesional.
El futbol lo ha llevado lejos, pero él sigue siendo el
mismo niño tímido que viaja por la vida cargado
de sueños.
Anécdotas
Un portero con guantes de 'bici'
La meta era atajar
Los primeros guantes que tuvo Wardy se los compró su mamá en
Quepos, cuando él tenía 10 años, pero no
se parecían a los demás. “No eran de portero,
sino de los que no cubren los dedos y se usan para andar en bicicleta.
Pero a mí no me daba vergüenza y los agarré para
atajar”, cuenta orgulloso.
Subiendo
y bajando
Travesura en un ascensor
Un día se soltó de la mano de su madre en San José y
se metió dentro del ascensor de un edificio. El aparato
subía y bajaba pero el niño no aparecía.
Tuvieron que esperarlo en el sótano. Cuando se abrieron
las puertas, Wardy salió campante. Se había divertido
de lo lindo tocando todos los botones.
Dios tiene un lugar
Estampitas y discos
Si algo caracteriza al portero manudo es su religiosidad. En
la taquera, siempre carga una estampita del Divino Niño,
y en el carro lleva colgando un rosario que, al iniciar la marcha,
se balancea como siguiendo el ritmo de las canciones del cantautor
cristiano Martín Valverde que suenan en la radio.