Mambo
Una tierra
extranjera lo vio nacer, pero Costa Rica lo conquistó
Bien uniformado,
Mambo celebraba así las fiestas patrias, una
muestra de su cariño por el país.
|
|
1990
Mambo tenía 10 años
y pasaba unas vacaciones en Rep. Dominicana. Tíos, primos y amigos,
no muy conocedores del fútbol, se sintieron inspirados por aquel
niño enamorado de los colores patrios y gritaban 'vivas' para
Costa Rica.
|
Afirmar que Víctor Núñez
lleva el fútbol en la sangre podría sonar extraño
si se toma en cuenta que el Mambo es dominicano de nacimiento,
una tierra caribeña donde el béisbol es el deporte
rey.
Pero este morenito inquieto y juguetón despedazaba sus
zapatos por las calles de Santo Domingo, la capital dominicana,
al patear una botella sin cesar, como si el destino lo llamara
a hacer algo importante con sus pies. “No sé de
dónde le nació, nadie entendía por qué lo
hacía. Jugaba béisbol, pero pateaba con más
pasión la botella”, rememora su mamá, Rosanda
Rodríguez.
El viaje de Dagoberto Carvajal –un ingeniero costarricense– a
tierras caribeñas, y el encuentro enamoradizo de doña
Rosanda con el tico, marcarían el destino del Mambo. “Ese
sí me gusta para usted”, le dijo Víctor a
su madre, como si supiera que aquel hombre lo conectaría
definitivamente con su destino.
Ya aquí, Víctor se sentaba frente al televisor
y le anunciaba a su madre, muy entusiasmado, que algún
día jugaría con ese equipo (Saprissa). En la escuela
Santa Marta, hizo sus primeros goles; luego vino el liceo Rodrigo
Facio, donde el Mambo entrenaba como portero.
Un día faltó el delantero del Facio y le dijeron
a Víctor que tomara el puesto; metió tres goles
y ahí se quedó. Un partido entre la primera de
Saprissa y el colegio Rodrigo Facio, donde el Mambo anotó,
despertó el interés de los cazatalentos morados,
quienes lo ficharon a los 14 años.
Anécdotas
¡Mambo, qué rico
el mambo!
Un apodo muy musical
El sobrenombre de Mambo nació en Costa Rica, en la pulpería del
barrio. Como a los 15 años, Víctor entraba vacilando y cantando, “¡Mambo,
qué rico el mambo. Mambo, qué rico es, es, es!”, la pieza
de Dámaso Pérez Prado. Y el pulpero lo bautizó. Cuando alguien
le dijo a Pilo Obando que al delantero solo lo conocían como Mambo, así se
quedó.
Un día para
nunca olvidar
Premonición mundialista
“Yo trataba de oír en una radio los llamados a la
Sele, no oí el nombre de Víctor, y me puse a llorar.
Aún así lo llamé y le dije 'Papito, te convocaron'. Él
me contestó: 'Mami, pero ¿cómo sabe?'. 'Yo
sé, yo lo siento, le dije”, cuenta la madre. Horas
después, Víctor se enteraría de que estaba
en los planes de Guima.
¡Terrible, terrible!
El inquieto dominicano
No había un solo chiquillo en el barrio que no tuviera
la marca de los dientes de Víctor: los mordía a
todos. Una vez, agarró a un chiquito que lo molestaba
mucho en la escuela y le sumergió la cabeza en una pileta
llena de agua, ¡lo estaba ahogando! “Era algo terrible,
pero terrible, solo quejas”, recordó su madre..