Pinino
El menor
de los Gómez libró, descalzo, una lucha contra la pobreza
A Rónald,
sus hermanos le decían Pinino porque era el
menor de la familia, y hasta los 14 años era
un moreno pequeñito y flaco.
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1990
Era un quinceañero y ya
jugaba en la Selección Infantil. Vivía en San Antonio del
Tejar, Alajuela. Ahí vio todos los partidos y salió a festejar
los dos triunfos de la Tricolor, sobre todo el gol de su ídolo
por aquellos tiempos: Juan Arnoldo Cayasso.
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El primer día de escuela,
doña Francisca Gómez le hizo una finta a la pobreza,
agarró al cumiche de sus 12 hijos y lo vistió con
un pantalón corto y una camisa blanca.
“Cuidadito rompe esa ropa nueva. Vea que le tiene que durar
todo el año”, le advirtió al pequeño
Rónald,
a la entrada de la escuela Billo Zeledón, en Pilas de
Canjel. Pero el Pinino vivía deseando que llegara el recreo
para irse a la plaza y empezar aquellas mejengas que le dieron
fama a su pierna izquierda.
Apenas en segundo grado, ya jugaba en el equipo de la escuela
que fue campeón provincial. El uniforme era el de la escuela
y los zapatos... ¿cuáles zapatos? Los conoció a
los 12 años.
Apenas terminó la primaria, dejó su casa y se marchó a
trabajar. Sus familiares lo recibieron en Puntarenas y Buenos
Aires, donde vendió empanadas, sembró frijoles
y cortó piña.
A los 14 años, llegó a a la casa de una hermana
en San Antonio del Tejar, en Alajuela, y consiguió trabajo
en una fábrica de zapatos. Por esos días se enteró de
que en el Estadio Nacional hacían pruebas para la Selección
Infantil y se fue a La Sabana con un uniforme prestado.
Lo escogieron y casi se muere cuando le dijeron que viajarían
a Venezuela. Tuvieron que llevarlo a la fuerza, porque no había
visto un avión en toda su vida. Mas el susto pasó y
le abrió las puertas de una primera división, que
no tardaría en dejar para irse a equipos de tres continentes,
lejos de su Pilas de Canjel.
Anécdotas
La magia de sus primeros tacos
Prefería jugar
descalzo
Los primeros tacos de futbol que tuvo Rónald se los compró su
hermano Pedro, cuando el menor de la familia tenía 14
años. Le duraron muchos meses, no porque los cuidara en
demasía, todo lo contrario. “Es que no podía
jugar con tacos, ya me había acostumbrado a hacerlo descalzo
y qué va, con zapatos no pateaba igual”, confiesa.
Se le perdió el
camino a la iglesia
No llegó a la Comunión
Cuando tenía ocho años, se fue solo a la iglesia
para hacer la Primera Comunión. De camino, se juntó con
unos amigos a ver un partido. Como no había emoción
, uno de los compas pidió reto y comenzó una mejenga
que terminó de noche. ¿La Comunión? La hizo
a los 10 años, con su mamá de escolta.
¿Será su
padre?
Una foto de regalo
El más joven de los Gómez pocas veces oyó hablar
de su padre. Ya era un adulto cuando, después de un partido
en Pérez Zeledón, un señor le obsequió una
fotografía en blanco y negro. Era el retrato de un joven
muy parecido a Rónald, pero por más que preguntaron
sobre él, no han tenido una respuesta certera.