Júnior
Con sus
dotes de niño corpulento, Randall aprendió a rozarse con los
más grandes
La sonrisa inocente
de Rándall en su primer año, iluminó de
felicidad la casa de la familia Azofeifa.
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1990
En su casa y a los 5 años,
Rándall recuerda haber celebrado todos los goles de aquel verano
italiano sin olvidar ninguno. Los tantos de Medford, Cayasso y Flores
se quedaron en su retina, mientras empezaba a escribir su propia historia.
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Rándall Azofeifa tenía
nueve meses cuando sus padres le compraron el primer balón
de futbol. Azo, Júnior o Randital –como lo conocen
en su casa– se destacó por su metralla goleadora
y se perfiló como todo un campeón en medio de sus
risas de niño tímido y llorón... muy llorón.
Siempre aparentando un poquito más edad de la que tenía
y jugando con niños mayores que él, Randall se inició en
el futbol cuando aún vestía la gabacha del kínder,
pero fue en su barrio, Jardines de Tibás, donde todos descubrirían
que nació para patear la pelota en serio. Cuando el rumor
de un campeonato cantonal llegó a sus oídos, no dudó en
ponerse los tacos. Anotó 12 goles para su equipo, pero había
algo especial en ese torneo: la imagen de Rándall luchando
por el triunfo con su querido amigo, Gabriel Badilla (sí el
de la Sele),parecía un preámbulo de lo que vendría.
Los niños plasmaron su esfuerzo, en un estadio Ricardo Saprissa
casi a reventar de público.
En la escuela Saint Anthony, Júnior dejó su huella
de goleador, antes de dar el salto al Saprissa.
Anécdotas
Fiestas pasadas por lágrimas
Pesadillas con olor a queque
A Rándall se le recuerda por llorar mucho, pero nunca como
en las fiestas de cumpleaños. Apenas se colgaban los globos
y comenzaba a llegar la gente a la fiesta, él soltaba el
llanto.
¡Y Dios guarde viera a un payaso!
El pánico se apo-deraba de Randi-tal y, con el niño inconsolable,
se hacía realmente difícil atender a los invitados. ¡Pobres
anfitriones!
24 horas amargas en la vida de
Azo
Un momento de dolor
“Tiene un tumor en la ingle; no jugará más”,
le dijeron a sus padres. Con 16 años y a solo un mes del
Mundial Juvenil de Trinidad y Tobago, la noticia resultó doblemente
trágica. Mas su sufrimiento terminó 24 horas después,
cuando una nueva batería de exámenes descartó el
diagnóstico inicial.
¡Qué grandulones!
Inocente perspectiva
Con la boca abierta y una mirada de ilusión infantil, Junior
veía a los futbolistas del Deportivo Saprissa. “Una
vez fuimos a ver entrenar al Sapri y yo me decía: '¡Qué grandes
son, es increíble! , ¿cómo va llegar uno a
jugar con ellos?'”. Ni imaginaba entonces que, una década
después, serían sus compañeros.