Paulo
Al menor
de los Wanchope, el baloncesto lo sedujo siendo niño
Paulo fue solito
a inscribirse en el Herediano.
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1990
Tenía 13 años y jugaba
en las ligas menores del Herediano, pero en su primer año de colegio,
en el liceo Samuel Sáenz, comenzó a gustarle el baloncesto.
Aun así, iba al estadio para ver a su hermano Javier y aprender
más como delantero.
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Cuando Patricia Watson comenzó su
labor de parto, los tres hombres de la familia Wanchope fueron
sacados de su casa. Tía Perla, la obstetra, subió el
volumen de la radio y, en medio de música salsa, para
que la madre no sintiera miedo, nació Paulo César.
Era el menor, pero no por eso el más consentido. Como
sus padres trabajaban, los tres hermanos aprendieron a valerse
por sí solos. Se las ingeniaban para cocinar, barrer y
mejenguear.
Desde los 10 años, Paulo se enroló en las ligas menores
del Herediano, pero cuando entró al colegio, llegó una
nueva pasión.
Por esos días, su hermano Javier Vicente jugaba en Uruguay,
cuando timbró el teléfono de su cuarto. “¡Vea
lo que me está haciendo Paulo!”, se quejó la
madre desde Costa Rica. A sus 14 años, se iba becado a Estados
Unidos para jugar baloncesto. Al final, la convencieron de que
sería una buena experiencia. Y sí que lo fue: el
muchacho regresó con un diploma y convertido en figura del
básquet... pero un viejo gusanillo estaba por despertar.
El juvenil florense y el Mundial Sub-20 en Qatar dejaron claro
que el futbol había ganado la partida.
Anécdotas
Aquel negrito pintaba bien
El futbol terminó ganando
Durante el torneo juvenil Centrobasquet de 1993, los periódicos
de la época destacaban la labor del mejor encestador costarricense.
Se llamaba Paulo Wanchope y era un moreno alto y delgado que amenazaba
con volverse una figura indiscutible del básquet. Mas el
destino le cambió la bola naranja por una pecosa..
Doña Patricia y
su nueva maceta
Ni hablar de la regañada
La casa en barrio Fátima de Heredia era el mejor estadio
para Javier, Carlos y Paulo; no había cristal que se salvara.
Un día rompieron una maceta y corrieron a arreglar la torta.
Compraron una nueva, resembraron la planta y escondieron la “evidencia”.
Pequeño detalle: la maceta vieja estaba barnizada..
Toque brasileño
El aporte de tío Carlos
El nombre “Paulo César” fue una recomendación
de su tío Carlos Watson, un fiel seguidor del futbol brasileño.
Ese y “Carlos Alberto” (como se llama el segundo hijo
de los Wanchope), fueron dos grandes figuras de la selección
auriverde en la década de los 70.