Carne
En la cabeza
del pequeño Michael Rodríguez solo existía su anhelo por jugar
futbol
En su barrio,
San Antonio de Belén, y en Alajuelense todos le
dicen Carne molida... solo para tortas sirve.
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1990
Tenía seis años y
era fanático de Mauricio Montero, pero las clases en la escuela
Jesús Magdaleno, en El Cacao de Alajuela, le impidieron seguir
los juegos del Mundial. Solo pudo ver la derrota 1-0 contra Brasil...
No había mucho que celebrar.
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“Papi, yo quiero jugar en
el mosco de la Liga y llegar a Primera”. Sentado sobre
un balón en media cancha, Michael aprovechó el
descanso del partido que jugaba su padre para contarle un sueño. “Hay
que entrenar muy duro, yo voy a enseñarte”, respondió Francisco
Rodríguez.
Desde entonces, el niño de 6 años esperaraba impaciente
que su padre llegara del trabajo. Nunca mejengueó en las
calles, ni jugó en canchas abiertas, el maestro no lo dejaba.
A la postre, el alumno excelente.
“Era tan bueno que varios equipos del barrio me lo pedían,
pero solo lo dejaba jugar en el equipo escolar”, cuenta el
padre.
El rumor sobre Michael llegó a oídos de Jorge León
en la Liga, quien tuvo que visitar cuatro veces a don Francisco
para que el delantero (sí, leyó bien, delantero)
se vistiera de rojo y negro.
Fue goleador en el mosco y siguió por esa senda en el infantil.
Pero un día expulsaron al defensa central, lo pusieron en
la zaga y su destreza reescribió la historia. Así llegó al
juvenil y al alto rendimiento. A los 18 años, tras firmar
con la Liga, se acercó un poco más a aquel sueño
que un día contó a su padre.
Anécdotas
La Virgen también
echa una manita
Una luz por los Rodríguez
Cada vez que Michael o Gary juegan, su hermana Gaudy se va a un
rincón de la casa y monta un pequeño altar. Una imagen
de la Negrita, otra de la virgen de Fátima y alguna foto
de ambos vestidos de futbolistas, reciben la luz de la candela
y el pedido especial para que a los Rodríguez todo les salga
bien en la cancha.
¿Mejengueando? ¡Eso
sí que no!
Su padre lo sacó del brazo
A alguien se le ocurrió un día invitar a Michael
a un partido de canchas abiertas en Belén. Cuando don Francisco
se enteró, se armó la de San Quintín. Fue
a la cancha, se metió al partido y agarró a su hijo
del brazo. En medio de la gritería, lo sacó del juego
y se lo llevó para la casa. Michael venía renegando,
pero era más por vergüenza que por resentimiento hacia
su padre.
Primera y última
Adiós a los tacos nuevos
¿Los tacos o el diario? Era la dura decisión por tomar en
la casa de Michael. Se apretaron la faja y compraron unos zapatos
atornillados. Los estrenó en un partido de liga menor en
Pavas y jugó muy bien, hasta hizo un gol. Pero en un descuido
al final del juego se los robaron. Y... a pedir prestado para otros.