Maíto
Para Mauricio
Solís, no hubo más diversión en la niñez que jugar futbol con
su hermano Erick
Mauricio era un
alumno aplicado en la escuela Cristóbal Colón
y un gran delantero en la selección de ese centro
educativo.
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1990
Tenía 17 años y cursaba
el sexto año del colegio Técnico Vocacional de Heredia.
Ya jugaba como delantero en el equipo de ese centro de enseñanza
y, junto a su hermano Erick, no se perdió ni un partido de la
Selección Nacional en Italia 90.
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No había Navidad ni cumpleaños
en los que los hermanos Solís no pidieran de regalo una
bola, unos tacos y un uniforme de Saprissa. Don Rodrigo debía
hacerle números al asunto y tocarse el bolsillo, pero
al final todo llegaba. Sin embargo, con el ritmo de juego que
tenían sus vástagos, era difícil que algún
par de tacos durara más de seis meses.
Mauricio, el mayor, tenía poco más de un año
cuando sus padres dejaron el barrio Los Ángeles y se mudaron
a un pueblo del mismo nombre, en Santo Domingo de Heredia. Su hermano
Erick llegó al mundo un año después que él,
así que pronto hicieron yunta.
“Se la pasaban todo el santo día jugando, en la calle,
en un potrero frente a la casa, en el planché del barrio,
donde fuera. Había que llamarlos para almorzar, y no venían
muy sonrientes”, recuerda su madre, Marielos Mora.
Pasarían pocos años para que que se ganaran un puesto
en el equipo del barrio. Dentro del viejo Land Rover de los Solís,
se amontonaban como 25 chiquillos para ir a jugar contra los mosquitos
de los barrios vecinos.
Apenas se graduó de la escuela Cristóbal Colón,
lo matricularon en el colegio de San Isidro. Ahí jugó un
par de años más, antes de cambiarse al Vocacional
de Heredia para estudiar mecánica industrial. Con Maíto
en la delantera, el Voca fue campeón intercolegial. Ahí lo
vio el técnico Orlando de León y lo invitó a
jugar en el famoso “kínder” del Club Sport Herediano...
Claro, ya para entonces ni recordaba qué se habían
hecho los uniformes morados que pedía para Navidad.
Anécdotas
Cupido los flechó en el “Voca”
Un mensaje muy especial
En la camisa del colegio Vocacional de Heredia que Mau usó para
guardar las firmas de sus compañeros, hay un mensaje especial.
En letra clarita, sobre el pecho y muy cerca del corazón,
una alumna de secretariado le dejó un cariñoso recuerdo.
Al final del mensaje está el mismo nombre que el futbolista
lleva en su anillo de bodas.
Un fugaz paso
por el Saprissa
No le dieron bola en el mosco
Rodrigo Solís era un saprissista de hueso duro;, por eso
no dudó en llevar a sus hijos a entrenar con el mosquito
morado. Pero la ilusión se le acabó muy pronto. “Íbamos
a La Sabana, pero no me les dieron pelota por ser pobres. Ponían
a unos chiquillos gordos, solo porque eran hijos de papi”,
recordó.
Músico frustrado
¿El violín? Guardado
es mejor
Por aquellos años, la municipalidad de Santo Domingo comenzó un
proyecto cultural para que los niños del cantón aprendieran
a tocar algún instrumento musical. Ilusionado con la idea,
don Rodrigo compró un par de violines para sus dos hijos.
Comenzaron bien, pero la fiebre no les duró mucho.