Loloy
El inquieto
chiquillo cambió el baloncesto por la aventura de su vida
Con solo un añito
de edad, Harold ya se mostraba algo inquieto. También
era bastante cachetón.
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1990
Con la típica inquietud
de Loloy, imagínense cómo pudo haber vivido las celebraciones
costarricenses después de los partidos. Junto con su hermano Rónald
(qdDg) y en su casa, la fiesta mundialista fue completa para el fogoso
morenito.
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El niño Wallace no podía
quedarse quieto. En cualquier deporte o actividad que se cruzara
en su camino, él siempre tenía que participar y
ser el mejor.
Era su madre, Melba McDonald, quien debía correr para conseguirle
el uniforme del equipo de baloncesto, el de futbol, el de los scouts...En
fin, de niño nunca hallaba sosiego. Loloy vivió sus
primeros años en Turrialba, y después pasó a
vivir a La Granada de Heredia con su familia. Fue un sobresaliente
jugador de baloncesto, deporte que practicó en la escuela.
Lo prefería incluso sobre el futbol.
Cuando Wallace resolvió dedicarse al futbol se lo tomó muy
en serio, y sus virtudes de chiquillo empunchado e inquieto lo
llevaron por varias escuelas de futbol, hasta llegar a las ligas
menores del Saprissa. Pero no lo convencía del todo la camiseta
morada. “Cuando jugaba la Liga, él no se concentraba
en los entrenamientos de la 'S'. El entrenador le llamaba la atención
y le decía que ya se sabía que era liguista, pero
que tenía que ponerle”, cuenta su papá, Sesil
Wallace.
Al volver del Mundial juvenil de Qatar 95, Harold se incorporó al
Zacatepec de México y regresó a Costa Rica sin definir
contrato con el Saprissa. Fue su amigo, Martin Scott (el de TV
mejenga y amigo de infancia) quien le presentó a un representante
de la Liga. De ese momento casual, nacería una estrella
rojinegra y, por fin, el niño Wallace se quedaría
en un solo lugar... al menos por el momento.
Anécdotas
La versión morena
de Harold Lloyd
Por andar metido en todo
Debido a esa manía infantil de nunca quedarse quieto y meterse en todo
cuanto pudiera, Harold se ganó el apodo de Loloy. Fue una tía la
que, al percatarse de la conducta de su sobrino, lo relacionó con el comediante
del cine mudo, Harold Lloyd, que al igual que Wallace, se metía en más
de un lío por andar curioseándolo todo.
El futbol por el baloncesto o...
La decisión de Loloy
“O deja el baloncesto por el futbol o no le doy más
plata”,
lo amenazó su padre cuando era niño. Aquella injusta
imposición causó una gran molestia en Harold, quien
dejó de entrenarse por rebeldía. Al percatarse de
que su padre nunca cedería, le hizo caso, sin saber lo que
el futbol le tenía preparado.
El coleccionista
Relojes y más relojes
Cuando Harold sale del país, su obsesión es adquirir
relojes de todo tipo. Por ende, el regalo que siempre da Loloy
es... un reloj. “Siempre, siempre, me trae un reloj y todavía
no sabe si me gustan”, dice su mamá. Pero no es una
fiebre nueva; de niño también coleccionaba postalitas
y cajetillas de cigarro.
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