Tito
En el kínder
fue portero, pero un gol y una rabieta dieron vuelva a su destino
El pequeño
Gabriel en su faceta artística. Era un fanático
imitador del cantante mexicano Luis Miguel.
|
|
1990
Los partidos del Mundial los vio
en su casa y en la de un primo. Tenía 6 años, pero recuerda
cómo brincó y gritó con el gol de Medford. Era admirador
del capitán Róger Flores, a quien conocía porque
un pariente vivía en el mismo barrio del defensor.
|
Con los ojos llorosos, Gabriel
lo decidió todo. No le importó que el estadio
Saprissa estuviera casi lleno, ni que fueran ganando la final
del torneo...
Dejó los guantes a un lado y se salió del partido. “¿Cómo
es posible?”, pensó. En todo el campeonato no le metieron
un solo gol, y justo en la final, un remate de los rivales venció su
marco.
No había otro portero. Intentaron consolarlo, pero no funcionó.
Solo quedó una opción: su amigo Randall Azofeifa
se paró bajo los tres tubos y Gabriel pasó a jugar
al campo. Solo tenía cinco años, pero la rabieta
bastó para que Tito, comprendiera que la portería
no era lo suyo.
Gabriel Badilla puliría otras cualidades futbolísticas
para consagrarse en otros puestos. Dejó de ser portero,
pero la garra y el pundonor que no le permiten ver caída
la portería de su equipo, lo hicieron quedarse cerca del
arco, en la posición de sus amores: la defensa.
Cientos de tardes jugó como zaguero en la cancha del barrio
Jardines. Se escapaba a mejenguear con sus hermanos mayores y junto
a ellos consumó su amor por la pelota, que primero le abrió las
puertas de la escuela de futbol de Tibás y, más tarde,
las de las ligas menores del Saprissa.
De aquella rabieta que rompió su habitual tranquilidad infantil, Tito
aprendió una lección: siempre puede sacarse algo bueno de los momentos
frustrantes de la vida... O, bien, en el fútbol no hay portero que no
pueda cambiarse por un buen defensa.
Anécdotas
¡Mangos, mangos, a ¢30
la bolsita!
Buen comerciante
Como a los 9 años, Gabriel y su amigo Randall Azofeifa,
incursionaron en el mundo de los negocios: vendían mangos.
Apeaban las frutas de un árbol vecino y hacían bolsitas
que vendían a ¢30 por las calles de Jardines de Tibás.
Con la venta, Gabriel quería hacerse de platilla para comprar
los tacos de sus sueños, muy caros para un niño.
Gabrielito, el incondicional
Con dotes de cantante
Admirador del cantante mexicano Luis Miguel, a Tito le encantaba imitarlo muchas
veces en el baño, sobre todo en esa parte del video de la canción
La incondicional, en la que Luismi sale con el cabello largo. La fiebre le quedó,
porque ya en el colegio, se animaba a cantar baladas en festivales de la canción.
Un fugitivo precoz
Sed de “conocer el mundo”
“Me fui a dejar una olla y dejé a Gabriel, que apenas caminaba,
en la cuna. En la calle, una vecina me preguntó: 'Doña
Elizabeth, ¿usted sabe de quién es este chiquito?'.
Vuelvo a ver y me sorprendo. 'Es el mío', le dije con vergüenza.
Se había saltado la baranda para buscar a sus hermanos”,
cuenta la madre.
|