Esqueleto
Flaco y
travieso, Douglas Sequeira pasó la niñez hecho una yunta con su hermano
Douglas es el
cuarto de los seis hijos de la familia Sequeira. En la
escuela no era de 100 corrido, pero tampoco repitió.
|
|
1990
Tenía 13 años y vio
todos los partidos de la Selección en su casa. Sentado frente
al tele, seguía con la mirada cada movimiento del defensor Héctor
Marchena, como queriendo contagiarse con el pundonor del zaguero brumoso.
|
Desde que nació, Douglas
Sequeira fue un bebé gordito, con unas piernotas ideales
para algún anuncio de alimentos infantiles. Pero a los
2 años se dio un estironazo y, por más golosinas
que comiera, nunca volvió a engordar.
Cómo iba a hacerlo si no paraba de jugar futbol con su hermano
Alejandro, dos años mayor que él.
En todas las navidades, don José Alexis ya sabía
cuál era el regalo que pedirían sus hijos: tacos,
bola y uniforme de Saprissa. Los pedidos llegaban y aunque no eran
los mejores de la época, resultaban ideales para jugar en
las canchas y calles de Tibás.
En pleno vecindario, armaban unas mejengas de antología,
en las que anotaban tantos goles como travesuras. No había
casa a la que no le hubieran quebrado los vidrios de un bolazo.
Por suerte, papá Alexis sabía de cristalería,
así que era común verlo, cinta en mano, midiendo
ventanas para arreglar las tortas de sus hijos.
Jugaba en la escuela y con el equipo del residencial La Orquídea,
y aunque su padre fue portero, nunca quiso calzarse los guantes.
La defensa era lo suyo, pero sí heredó de los Sequeira
la sangre caliente, tanto que en el Saprissa decían que
se “arrancaba” por cualquier cosita.
Al equipo morado llegó cuando tenía 8 años.
Escaló de la escuela de futbol al juvenil, hasta que el
entrenador colombiano Luis Chiqui García lo hizo debutar
en Primera División poco antes de estrenar cédula.
Anécdotas
Con vecinos así, para qué enemigos
Ningún balón se
salvaba
Cuando era niño, Douglas jugaba con sus amigos de Bajo Piuses
en la calle que pasaba detrás de su casa, pero los vecinos
no parecían estar muy contentos con aquellas mejengas. Era
común que llamaran a la policía y les echaran agua.
Había una señora que les devolvía las bolas
que caían dentro de su casa... pero partidas en dos.
“Empunchado” en
el cafetal
Todo se le iba en tacos
En vacaciones, Douglas se iba con la familia de Paté a coger café en
una finca vecina. Aunque no era tan rápido como los Centeno, tampoco le
iba mal. El problema es que cuanto ganaba lo gastaba comprando tacos en la soda
del barrio... su obsesión de siempre.
Cerca del Sapri
El negocio familiar
Por años, José Alexis y Miriam tenían un puesto
de comida rápida en el estadio Ricardo Saprissa. Sus hijos
iban a ayudarlos y aprovechaban para ver jugar a sus ídolos.
A los años, cuando Alejandro y Douglas estaban en la cancha,
sus padres oían en silencio los gritos de la afición
contra sus pequeños.
|