Negrito
Danny Fonseca
convirtió su temperamento de infancia en garra futbolera
Desde pequeño,
el juguete favorito de Danny era la pelota. Ser el más
moreno de la familia, le valió el mote de El Negrito.
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1990
Con una infantil e inocente pasión
por el futbol, el Negrito vivió con emoción los partidos
del Mundial en su casa. De la Sele tica de ese entonces, admiró a
Héctor Marchena, por su temple y garra; sobre todo cuando este
increpó al brasileño Careca.
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El Negrito pulió su personalidad
desde muy pequeño. Los vecinos de Birrisito de Paraíso
(Cartago) lo vieron crecer trepado en los árboles, cuyas
ramas simulaban ser naves espaciales de última generación,
dispuestas a entrar en batalla.
Ayudar en labores agrícolas o en la fábrica de puertas
de su familia fue, para Danny Fonseca, una parte de su rutina infantil
y una fuente ideal para tener ingresos en Navidad.
Con los años, moderó una agresividad innata y la
convirtió en coraje y actitud, pues en la escuela no se
dejaba de nadie.
“No permitía que los grandes me trataran mal, me gustaba
mejenguear con ellos. Y si no me dejaban jugar, me paraba en medio
de la cancha y les estorbaba hasta que no les quedaba otra que
meterme”, recuerda. Y es que era un poco “matón”.
Sus roces peleoneros fueron constantes en la escuela y el colegio,
pero él solo sacó lo mejor de esa etapa: no temer
a ningún rival.
A los 6 años, el sueño futbolístico del Negrito
comenzaría a enrumbarse en el equipo infantil de Paraíso,
para luego pasar al Club Sport Cartaginés.
Ahí vio crecer sus ilusiones y su sueño de estar
algún día en un mundial, y volar como lo hacía
entre las ramas de aquellas naves espaciales de última generación.
Anécdotas
El delirio del primer gol en Primera
Cegado por la emoción
Desde niño siempre soñó con hacer un gol en Primera División
y cumplir ese sueño fue como tocar el cielo. Danny cerró una jugada
de tiro libre y empezó el festejo. “Después del partido me
dolía la rodilla, pero no recordaba por qué. Cuando vi la repetición
en la tele, me di cuenta de que había pegado contra el marco, pero por
la alegría ni lo sentí”.
Se porta bien en misa o ya sabe...
Un horcón para recordar
Ir a misa con respeto y devoción ha sido una constante en
la familia de Danny, por eso recuerda muy bien el día en
que su madre lo amarró a un horcón por varios minutos. “Le
dije muy claro: 'Si se vuelve a portar mal en misa, lo amarro otra
vez del horcón', y así lo curé”, cuenta
doña Flor Bravo.
Canje brumoso
El esfuerzo paternal cuenta
Un uniforme y cuatro balones, valorados hace diez años en
unos ¢50.000, fueron el precio del traspaso de Danny al Club
Sport Cartaginés. Paraíso no quería dejar
libre al jugador, por lo que sus padres, al ver a Danny ilusionado,
hicieron un gran esfuerzo y de su propia bolsa sacaron el dinero.
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