Checho
La legión
de los Bolaños acuerpó siempre al más chico de la familia
'Checho' luce
la cinta de graduación. Malas juntas lo metieron
en más de un problema en la escuela.
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1990
Junto con sus hermanos y el saprissista
envenenado de su querido padre (quien recién falleció)
Christian vivió, con solo 5 años de edad, aquella época
de ensueño. Esos momentos alimentaron su naciente corazón
futbolero.
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Los tres hermanos Bolaños
lo tenían claro: el futbol lo llevaban en las venas y
esa espinita había que sacarla.
Por eso, Checho, el menor, se guindaba de sus hermanos en las clásicas
escapadas mejengueras en Hatillo 8, donde pasaban horas sin percatarse
de que la noche y la lluvia llegaban... ni de que su mamá,
Miriam Navarro, también arribaría pronto a los linderos
de la cancha... faja en mano.
“Checho se formó futbolísticamente en la calle”,
insiste hoy su mamá en referencia a la primera infancia
de Christian.
Y es que fue hasta los 10 años cuando el chiquito pasó a
formar parte de un equipo organizado.
El exjugador Nilton Nobrega lo llevó a las ligas menores
del Club Sport Herediano, y luego pasó al equipo de sus
amores, el Deportivo Saprissa.
En esa aventura morada, fue seleccionado infantil y figura de la
Tricolor en el mundial de Trinidad y Tobago.
Ahora Christian, el mismo que construía pelotas de masking
negro y con ellas rompía los adornos de la casa, está cerca
de cumplir un sueño: jugar con la Sele su primera Copa Mundial.
Anécdotas
¡La escapadita
en la bicicleta!
Una aventura sobre ruedas
Una vecina lo cantó Christian se había escapado en
la bicicleta que él mismo armó para ir a pescar a
La Sabana. Sabía que no se la perdonarían. “Es
mentira, mami, yo no andaba ahí”, se defendió.
Pero comprobada la travesura, le desarmaron la bici y se acabaron
los paseos. Desde ese día, no le habla a su vecina, “la
delatora”.
Misión: pegar los
adornos de casa
Solución de emergencia
Los tres mosqueteros, Checho, Pablo y Jonathan, ya tenían
una rutina preparada. Pieza por pieza y sigilosamente, remendaban
cuanto adorno quebraban con la bola de masking. Al llegar sus papás,
solo faltaba el último paso de la misión: disimular
y rezar, para que nunca se dieran cuenta.
El palco destinado
Las vueltas que da la vida
Cuando Christian estaba chiquillo, los Bolaños se iban al
estadio morado a ver jugar al Saprissa. “Se colaban en los
palcos a jugar de ricos, pero al ratito los sacaban”, recuerda
su madre, Elizabeth Navarro. Hoy, los Bolaños se sientan
con propiedad en el mismo palco, para ver jugar al cumiche con
los morados.
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