Charlie
Nació en
cuna humilde, pero con se empeño derribó todos los obstáculos
Adivinen de cuál
equipo era seguidor Carlos Hernández cuando estaba
pequeño.
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1990
Entre la escuela y las primeras
mejengas de barrio, Carlitos vivió la fiebre de Italia 90, en
su humlide casa de San Francisco de Goicoechea. Nunca olvidará la
gesta de aquellos muchachos que ahora inspiran su propio idilio mundialista.
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Aquel chiquillo de San Francisco
de Goicoechea no la tuvo nada fácil para llegar donde
está. Detrás de su estampa de jugador corpulento
y de su potente remate –pesadilla de más de un portero– se
esconde un niño pobre de un barrio común. Su madre,
Yamilet Valverde, tuvo que criar a ocho hijos sola en medio de
las típicas necesidades de una familia humilde y numerosa.
Pero como nadie está excluido de soñar, desde muy
pequeño Charlie se iba a jugar bola con sus hermanos en
la cancha de Recope. Ahí fantaseaba con que algún
día sería parte del equipo de sus amores, la Liga.
Aquellas aspiraciones, que para muchos se desvanecen conforme pasa el tiempo,
empezaron a crecer desde la tierna edad de 9 años: “Mami, ¿me
mete en el equipo de Popeye, porfa?”. Ante la mirada de ilusión,
Yamilet no pudo negarse y dejó que su hijo se enrolara en la escuelita
del barrio. Sus habilidades lo llevarían a un equipo en Santo Domingo,
donde logró conectarse con el proyecto San José, de Liga Deportiva
Alajuelense.
Con la camiseta rojinegra, Hernández vivió la experiencia de su
vida en el Mundial Juvenil de Argentina, donde anotó uno de sus mejores
goles.
“É
l solo pelaba los dientes y se reía. Era muy tímido, pero muy esforzado”,
dice su madre. Ese era aquel niño común, cuyo empeño le
permitió hacer realidad sus sueños extraordinarios.
Anécdotas
Una mentirilla
de antología
Cómo evitar una “fajeada”
Carlitos llegó a la casa con un diente quebrado. A la pregunta
obvia de su madre sobre qué le había pasado, contestó:
“Mami, es que me comí un pedazo de pan añejo y estaba muy
duro”. ¿Se la creen? Un choque en bicicleta contra la tapa de un
taxi era la triste realidad, pero jamás iba a decirla, porque eso habría
implicado una “fajeada”.
De estudiante
a “guachimán”
El “brete” de vacaciones
Apenas salía a vacaciones de 15 días, Charlie se
iba a cuidar carros en el plantel de Recope. Tenía 10 años
y así conseguía un poco de plata para la casa. Hoy,
es el principal proveedor de su hogar.
'Güila' pellizcón
Castigado en el kínder
Era costumbre que a doña Yamilet la llamaran del kínder
porque su hijo se había portado mal. Cuando llegaba, lo
encontraba al frente y contra la pared. Una compañerita
lo acusaba siempre de que se pasaba pellizcándola. Quien
lo ve... ¿ah?
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