Sabo
Álvaro se
crió en un barrio difícil, pero no se dejó vencer
Aquí en el partido
ante Ucrania, un fogueo previo al incio de la cita mundialista.
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1990
Alvaro tenía apenas 8 años
y comenzaba su camino por el futbol organizado en el equipo de su barrio.
Era un saprisista de los más fiebres y vio los partidos de Italia
90 con su mirada fija en los jugadores morados.
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Travieso hasta más no poder, Álvaro
se crió en el barrio La Cruz, una localidad problemática
de Ciudad Quesada. Sin embargo, el futbol le ayudó a mantenerse
alejado de los vicios.
Iba por las calles tirando piedras a los techos. Le encantaba tocar
los timbres de las casas y salir en carrera para que no los descubrieran.
Desde pequeño fue un fiel seguidor del Deportivo Saprissa
y un fiebre para las mejengas del barrio.
Precisamente, su paso por el futbol organizado comenzó cuando
tenía 8 años, en el equipo del barrio La Cruz. Y
aunque después su familia se fue a vivir en Upala por algunos
años, regresó a Ciudad Quesada para integrarse a
las ligas menores de la Asociación Deportiva Sancarleña.
No fue un estudiante ejemplar. “Me escapaba mucho y por eso
no me iba muy bien. Eso sí, no tenía ningún
problema con la matemática”, confesó hace unos
años en una entrevista.
Pronto le llegó la oportunidad de jugar en Segunda División
con el equipo de La Fortuna, pero entonces la situación
económica no era fácil. Así que, para poder
seguir en el futbol, comenzó a trabajar en un supermercado.
El premio a su esfuerzo llegó poco después, cuando,
gracias al contacto del técnico Frank Carrillo en México,
pudo incorporarse a la segunda división del futbol azteca.
Allá jugó también para el Monterrey y los
Coyotes de Saltillo, en la primera A.
Regresó a Costa Rica y, con la recomendación de su
padre (el exjugador y técnico Álvaro Grant McDonald)
llegó al Deportivo Saprissa, para concretar el anhelo que
forjó en las calles de La Cruz.
Anécdotas
Las oraciones
del niño Álvaro
Y una medallita en el cuello
Cada noche, Álvaro reza el Divino Niño, el Padrenuestro
y “Jehová es mi pastor”. Ese es su secreto para
dormir en paz. “Me gusta y es lo que aprendí desde
niño. Soy creyente, cada cosa que hago se la agradezco a
Dios y a mi madre”. Y si hiciera falta, lleva en su cuello
una medalla del Divino Niño.
El regalo que siempre pedía
Nutritivo cumpleaños
Cuando se acercaba el cumpleaños de Álvaro (el 25
de marzo), su mamá, Marleny Saborío, no tenía
que salir de prisa a adquirir muchos regalos costosos. “Lo
que siempre le pedía a mamá era un paquete de granola”. ¿Quién
dijo que no se alimentaba bien?
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