Varito
Bajo un
arco de bambú, Mesén descubrió que lo suyo era la portería
Su hermano Luis le compró sus primeros guantes, que eran de
vinil.
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1990
Tenía 17 años y estaba en cuarto año del
colegio. Vio los juegos de la Sele con sus amigos y recuerda
el taquito de Claudio Jara para que Juan Cayasso anotara el
gol ante Escocia. Después salía a festejar en
el cajón del primer carro que pasara.
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Durante años, la casa de
la familia Mesén Murillo no tuvo una sola pared limpia.
Todas mostraban manchas redondas, como si la sala, el comedor
y los cuartos hubieran sido escenario de grandes batallas futboleras.
Y es que los tres hijos varones de Carlos y María Julia
se la pasaban jugando. Heredaron de su padre la pasión
por el futbol, pero solo el menor, Varito, siguió sus
pasos bajo el arco.
De niño, vivió sus primeros cinco años en
Lotes Llobet (Alajuela), pero fue en la urbanización La
Trinidad donde hizo más travesuras. Convertía cualquier
lote baldío en una canchita. Junto a sus hermanos, construía
un marco con cañas de bambú y se ponía a atajar.
Mal no le iba y lo demostró en los equipos de la escuela
Holanda, El Carmen, Plaza Acosta y San Antonio del Tejar; hasta
que Wílmer y Harold López, sus amigos del cole, lo
invitaron a la Liga. Ahí se quedó, pero no fue fácil.
Debió estirar los ¢20 que su madre sacaba cada día
de la pulpería familiar para que fuera al colegio. Hoy,
aquel chiquillo está a las puertas de su segundo mundial,
una experiencia que dejará en su alma una huella similar
a la de los pelotazos que tenían las paredes de su casa.
Anécdotas
El
cuarto era un estadio de 3x2
Con un hoyo en el cielo raso
Ni la noche ni la lluvia no eran obstáculo para el fútbol.
Encerrados en el cuarto y con el camarote como portería,
los tres hermanos Mesén hacían remates con una bola
de tenis. Hasta que un tiro desviado hizo un hueco en el cielo
raso. Luis, Carlos y Álvaro quisieron tapar la torta con
masking tape, pero el original parche no los salvó de la
regañada.
Por los
guantes de un argentino
Á lvaro salió “por
dentro”
Con mil penas, su hermana mayor, Olga, le compró unos guantes.
Pero un día, Varito se fue a ver entrenar al River Plate
de Argentina. Cuando vio los guantes nuevos, el portero Alberto
Vivaldi le ofreció cambiarlos por los que estaba usando. ¡Qué sorpresa
la de Olga al ver esos vejestorios pegados en el cuarto!
Fugaz trabajo
Cafetaleros
por un día
Una vez, en para tener plata en vacaciones, Álvaro se fue
con sus hermanos a coger café a la finca de unos monjes,
en Alajuela. A las 7 a.m., no habían cogido ni un grano
y se sentaron a almorzar. Los mandaron para la casa por vagos,
pero ellos llegaron diciendo que ya no había cosecha...
y apenas era diciembre.
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