La niña prodigio
A los 14 años, Nadia dejó al mundo sin habla. Fue la primera gimnasta en una Olimpiada que obtuvo la nota perfecta: un 10.

Nadia Comaneci deslumbró en Montreal 76

Revelada al mundo en la Olimpiada de 1976 en Montreal Canadá, donde fue la figura dominante, una coqueta escolar rumana de sólo 14 años, revolucionó la gimnasia en la década de los años 70. Su maestría en la dificultad y su perfección en la ejecución, elevaron en un tiempo récord al nivel de las grandes de la historia.

La joven tímida de las trenzas, Nadia Comaneci, era una desconocida, pero pasó a la inmortalidad como la primera gimnasta en unos Juegos Olímpicos en recibir la máxima puntuación de los jueces: una nota perfecta de “10” en las barras asimétricas.

Al final, con su pequeña figura (1,53 m y 41 kg), se ganó el corazón del mundo por la televisión, cuando recibió siete veces el “10”, pues también se llevó las medallas de oro en los ejercicios de barra de equilibrio y el concurso general. Llevó a Rumania a ganar plata por equipos, detrás de la Unión Soviética, y una de bronce de piso.

En su adiós olímpico de Moscú 80, era una señorita que creció y engordó (1,58 m y 48 k), aunque con elasticidad para ganar dos de oro en los ejercicios de piso y barra fija, y una presea de plata en el combinado, pero no borró la penosa impresión dejada por una caída.

La muñequita rumana

Comenzó a practicar deportes a los tres años, en el jardín de niños, donde se enfrascaba en cualquier actividad física y disfrutaba en particular de jugar futbol con los varones. Subía a los árboles y daba volteretas. En su casa saltaba por los muebles y causaba destrozos.

Stefi, su madre, decidió matricularla en una clase de gimnasia, para que liberara energía. En 1967 se formó en Oresti un grupo de gimnastas y Nadia comenzó a entrenarse con ellos. Poco a poco prefirió la gimnasia y comprendió que destacar exigía sacrificio.

Bela Karolyi, renombrado entrenador de gimnasia rumano, puso los ojos en su perseverancia y seriedad, desde que ella tenía seis años y la descubrió en el patio de la escuela haciendo piruetas. Él fue quien la llevó al equipo juvenil rumano, para que destacara muy pronto.

En 1970, a razón de trabajar tres horas diarias, la niña prodigio ganó el campeonato nacional juvenil y cuatro años después fue monarca mundial juvenil. Coleccionó títulos hasta 1975, cuando compitió en mayores y se apoderó del torneo europeo en Skien, Noruega.

En 1976, antes de su proeza descrita en Montreal, fue a Estados Unidos por primera vez y obtuvo varios títulos preolímpicos, con calificaciones perfectas la mayor parte de las veces.

Sueños de libertad

Para 1984, tras años de competición irregular y al sufrir una infección en una mano, la niña diez oficializó su retiro antes de la Olimpiada en Los Ángeles, donde asistió como invitada y en su última visita a un país fuera de la esfera comunista.

Ante reportes de que intentó suicidarse, sufrió un colapso nervioso y tuvo una tormentosa relación amorosa con Nicu, hijo del exdictactor rumano Nicolae Ceaucescu, Nadia inició una nueva vida como profesora de educación física, entrenadora del equipo juvenil rumano de gimnasia y luego como jueza de competición.
Pero cuando no le permitieron ir a los Juegos de Seúl 88, planeó su deserción. Fue en 1989 cuando escapó de Rumania en donde, según ella, fue obligada a salir a Hungría con la ayuda de su “amigo” Constantin Panit, quien le cobró $5.000 por su liberación y mantuvo diferencias con él porque explotó su imagen a cambio de dinero.

“Abandoné casa, automóvil y seguridad financiera, por la libertad”, testimonió tras la huida de seis horas en el fango y la nieve. Semanas después estalló la revolución y Ceaucescu fue derrocado; algunos pobladores aseguran que la acción de Nadia aceleró dicho proceso.

De inmediato, en Austria, pidió asilo en Estados Unidos, en calidad de refugiada política. Nadia se fue a vivir a Nueva York, en procura de mejores oportunidades para rehacer su vida y tras escuchar el llamado de su antiguo técnico Karolyi, que también desertó (1981).

Comaneci contrajo matrimonio con Bart Conner, medallista de oro en gimnasia en la Olimpiada 84, con quien comparte su vida desde 1996, administra una academia en Norman, Oklahoma; recolectan dinero para caridad, editan una revista y ofrecen exhibiciones en el mundo de gimnasia y patinaje sobre hielo.

Pese a que ya pasaron muchos años, las proezas olímpicas de la pequeña hada de Montreal 76 –convertida hoy en una mujer de 37 años–, siguen siendo recordadas y admiradas en todo el planeta.

Personal

Nombre: Nadia Comaneci.

País: Rumania. Nacionalizada estadounidense.

Nacimiento: 12 de noviembre de 1961, en Onesti, Gheorge Gheorghiu-Dej, condado norteño de Bacau.

Disciplina: Gimnasia.

Trayectoria: Ganó 21 medallas de oro, incluidos siete títulos mundiales, cinco olímpicos (tres en Montreal 76 y dos en Moscú 80) y otros tantos europeos. Obtuvo la Orden Olímpica y la designación de “Héroe del Trabajo Socialista” en Rumania. Se retiró en 1984.

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