No es así nomás que un equipo de futbol da el salto a la escena internacional. En la mayoría de los casos es un proceso de maduración que requiere años, y a veces las lecciones aparecen envueltas en penosas derrotas.
Puntarenas FC acaba de presentarse en sociedad y le está yendo de maravilla en la Uncaf. Pero el año próximo, cuando entre a la llave de Concacaf, la exigencia será mayor.
El reto de Puntarenas es seguir siendo competitivo en la escena doméstica y a la vez empezar a tallar su carnet de equipo internacional. Por ser la primera vez, a los porteños no se les exigirá alguna hazaña en la región; tan solo se espera un papel digno, que podría traducirse en superar a los clubes caribeños, darle pelea a los de Estados Unidos y evitar papelones con los mexicanos.
El problema es competir fuera sin abandonar sus deberes aquí. Las giras internacionales son cansadas, cortan la semana y, sobre todo, desgastan al plantel. No bastan 13 ó 14 futbolistas. Hay que rotar el equipo, echar mano de una banca sólida y experimentada.
Saprissa ejemplifica lo difícil que es pelear en dos frentes. En la era Medford, los dos años que ganaron el Campeonato Nacional fracasaron en la Concacaf. Y al revés: cuando obtuvieron el título del área, apenas quedaron en cuarto lugar aquí.
En este Apertura, Puntarenas ya perdió dos juegos y empató otros dos en su casa. La imbatibilidad del Lito Pérez desapareció cuando empezaron los partidos por la Uncaf (solo 58 por ciento de rendimiento en casa). Detrás de esta cifra puede haber una llamada de atención de cara al año próximo.