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Trinidad rompió los moldes para ir a su primera Copa. Christopher Birchall (atrás) y Carlos Edwards felicitaron a Dwight Yorke por su gol a Islandia (2-0), en un amistoso en Londres.
AFP
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Pequeño país debutante en los Mundiales
Trinidad va por el milagro
- El holandés Leo Beenhakker logró transformar un modesto equipo en uno digno para sus tres adversarios del grupo B del Mundial
- Los Guerreros del Soca son el país menos poblado en la Copa Mundial de Alemania, con un millón de personas
Rodrigo Calvo C.
rcalvo@nacion.com
Si de hacer historia se trata, el volante Christopher Birchall se convertirá en un auténtico pionero en el Mundial de Alemania 2006.
Este joven nacido en Inglaterra, pero de madre trinitense, ya es el primer futbolista blanco que figura en la alineación de este pequeño país caribeño que se presenta en su primera copa.
Birchall, asimismo, será el primero de la historia de su club, el Port Vale de la tercera categoría inglesa, que disputa un torneo mundialista de la FIFA.
A sus 21 años, Chrissy tendrá la oportunidad de verse las caras contra su natal Inglaterra, ya que ambas selecciones comparten el grupo B con Suecia y Paraguay.
Su llegada con los conocidos Guerreros del Soca coincidió en forma positiva con la del holandés Leo Beenhakker, maestro de la táctica, como máximo responsable del combinado nacional.
Muy pronto el estratega se transformó en héroe en Trinidad. Su caso es sorprendente pues asumió el equipo en el fondo de la hexagonal final de la Concacaf y lo impulsó hasta una histórica clasificación en el repechaje ante Bahrein.
Así se convirtió en el país más pequeño en tamaño y población de todos los que acuden a la Copa, con una sociedad ligeramente superior al millón de habitantes.
Además, es el cuarto equipo del Caribe que se clasifica a un Mundial, tras Cuba en Italia 1938, Haití en Alemania 1974 y Jamaica en Francia 1998; y el segundo caribeño de habla inglesa que va a la gran cita, luego de los Reggae Boyz.
Lo más cercano que había estado de clasificarse fue para la copa de 1990. Con la necesidad de un empate en casa en el último partido, cayó 0-1 con Estados Unidos, que ganó el boleto por primera vez desde 1950.
Pese a su modesta condición, es peligroso pensar que la escuadra roja carece de argumentos como para poner en apuros a sus tres complicados rivales mundialistas.
Nada debe empañar este debut, pues ningún seguidor de las Copas Mundiales espera mucho de los caribeños. Cualquier cosa que no sean tres derrotas al hilo en la primera fase sería una sorpresa.
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Trinidad soportó una espera de 40 años. Arriba: Kenwyne Jones, Marvin Andrews, Kelvin Jack, Avery John, Dennis Lawrence y Dwight Yorke. Abajo: Christopher Birchall, Carlos Edwards, Cyd Gray, Stern John y Aurtis Whitley.
AP
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Beenhakker confía en la vieja guardia
Estrella del futbol trinitense, Dwight Yorke, es quien inspira el estilo caribeño y lidera la generación afincada en Europa
Hace 17 años, en 1989, en el estadio Hasely Crawford de Puerto España, Trinidad y Tobago se quedó a las puertas de disputar su primera fase final de un Mundial de futbol.
El destino le había preparado la derrota por la mínima diferencia de 1-0, a manos de Estados Unidos y tras un derechazo de Paul Caligiuri, que le impidió asistir a Italia 90.
Dwight Yorke y Russell Latapy, miembros veteranos del equipo actual de los Guerreros del Soca, apenas eran dos jóvenes promesas en aquel equipo perdedor. Pero hoy están decididos a dar una cara ganadora en la cita "Alemania 2006".
Ambos salieron del retiro internacional y desde entonces la suerte de los trinitenses comenzó a mejorar, mientras la confianza crecía al final del proceso eliminatorio.
Yorke, legendario campeón europeo e inglés con Manchester United y hoy figura de 34 años del Sydney australiano, es un componente clave del combinado al mando del sagaz holandés Leo Beenhakker.
Una llamada telefónica que le hizo a su amigo Latapy lo convenció a volver al grupo y, ya muy entrada la eliminatoria, le cambió la suerte al seleccionado caribeño.
Russell, uno de los mejores interiores derechos que dio jamás la zona caribeña, fue incapaz de rechazar la oferta de Yorke y regresó del retiro en el balompié universal.
Desde su retorno el año pasado, el volante de 37 años debutó con gol ante Guatemala, dio brillo al grupo de Beenhakker y abonó esa chispa de que careció en la primera parte del Premundial.
Un mago. "No vamos a ir de turistas a Alemania", dijo Latapy, el pequeño mago del Falkirk escocés, quien será el jugador de campo con más edad en la copa, pese a que perdió velocidad, no así su visión de juego y la chispa para leer las jugadas.
Latapy y Yorke no son los únicos veteranos que amarraron el boleto al Mundial. También están Marvin Andrews, Cyd Gray, Avery John, Dennis Lawrence, Kelvin Jack, Shaka Hislop y Stern John, el goleador histórico del área con 64 dianas y del Coventry City inglés.
El pase se consiguió contra Bahrein, en el repechaje cuando el espigado Lawrence le hizo un gol a los pronósticos y a la historia para hacer realidad un sueño perseguido por 40 años, desde Inglaterra 1966, en el primero de sus 11 procesos.
En la última vez que un combinado caribeño estuvo en la gran cita mundialista -Jamaica, en Francia 98-, Lawrence ejercía de soldado de infantería en el ejército y jugaba al futbol en el Defense Force.
Hoy Dennis pertenece al Wrexham, un modesto club del norte de Gales que milita en la cuarta división de Inglaterra. En su opinión, la clave del éxito trinitense radica en la capacidad de su seleccionador.
"Leo Beenhakker logró hacernos creer que podíamos conseguir la meta. Nos da libertad en la cancha y es un entrenador que transmite su seguridad a los jugadores", declaró el defensor de dos metros.
Su compañero, Kelvin Jack, del Dundee United escocés, aseguró que Beenhakker le cambió la actitud mental al plantel. "Él introdujo ese espíritu de lucha, esa conciencia táctica y esa fe en nosotros mismos para lograr ser un equipo mejor", subrayó el guardameta.
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Figura del equipo
Dwight Yorke, a sus 34 años, es el mejor generador de juego en el mediocampo de los trinitenses
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Trotamundos holandés es el jefe de los trinitenses
Nadie puede quitarle al holandés Leo Beenhakker el mérito de haber dirigido a Trinidad y Tobago hasta su primera fase final de la Copa Mundial de la FIFA.
Con 63 años y 33 de experiencia en los banquillos, Beenhakker es un auténtico trotamundos, un Marco Polo moderno, que laboró para 19 equipos en siete países de tres continentes.
Entre 1986 y 1989 obtuvo en España tres títulos seguidos al mando del Real Madrid, una hazaña que ha sido el punto culminante de su larga carrera como técnico y por la que aficionados madridistas aún lo recuerdan cariñosamente como Don Leo.
Igual dirigió al Feyenoord y Ajax en su país, al Zaragoza español, al América y Guadalajara aztecas,al Grasshoppers suizo y al Istanbulspor de Turquía.
Trinidad no ha sido su única selección nacional, desde que la asumió el 4 de abril del 2005. También fue el entrenador de Holanda, en 1985 y 1990, y de Arabia Saudí, entre 1993 y 1994.
Si logra que los trinitenses superen la fase de grupos en el Mundial de Alemania, el prestigio de Beenhakker como entrenador de categoría volvería a alcanzar dimensiones enormes.
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