Oliver Kahn
La portería alemana tiene un emperador
- A partir de hoy, lea martes y sábados el perfil de las figuras que irán al Mundial
Gustavo Jiménez M.
gujimenez@nacion.com
Oliver Khan es de esos futbolistas que no quieren perder ni cuando juegan un colectivo.
Tiene semblante de ogro, le grita a los compañeros apenas ellos se equivocan y no le zafa el lomo a ninguna polémica, aunque involucre al propio entrenador de la selección alemana.
Kahn ha sido el estelar en el arco germano desde 1998, cuando tomó la estafeta de Andreas Koepke tras la desastrosa eliminación ante Croacia (0-3) en el Mundial de Francia de esa vez.
Ejerció de rey y soberano hasta este año, cuando Jens Lehmann se animó a levantar la voz contra el "gran jefe" para exigirle la titularidad al técnico Jurgen Klinsmann.
El entrenador cedió un poco y alternó a ambos guardametas. Kahn no se lo tomó muy bien: cuestionó públicamente la decisión y, para no perder el impulso, criticó hasta el sistema de juego de Klinsmann.
De momento, Ollie parece estarle ganando a Lehmann el pulso de la titularidad.
Pero si quiere consolidarse, necesitará bajarle el perfil a los escándalos de su vida privada, que son la comidilla en Alemania desde que se separó de su esposa en el 2003 para irse a vivir con una camarera 11 años que es menor que él.
Yerros. Como todo gran arquero, en su carrera también se ha "comido" goles increíbles. Su error más célebre ocurrió en la final de Corea y Japón 2002, cuando dejó escapar un tiro de Ronaldo.
También le regaló un gol a Roberto Carlos, del Real Madrid, en la Champions League del 2004. Ese día tiró furioso los guantes al césped y ahí los dejó.
Retrató de esa forma su carácter irascible y provocador. En el 2002 dijo que se hubiera "retirado del futbol" si su colega paraguayo José Luis Chilavert le hubiera anotado un gol de tiro libre durante un partido del Mundial.
Kahn es impopular, pero los aficionados de su país lo consideran imprescindible en un equipo que busca viejos laureles.
Y a él no le importa sacar nota roja en conducta. "Yo no soy el Papa", aclaró un día. |