|
¡El león manudo vuelve a ser el rey!Gustavo Jiménez M.
El duelo final sirvió para ratificar la corona rojinegra, ante un
rival inferior, pero digno, como Pérez Zeledón. Por lo visto en esta serie frente a los generaleños, queda la impresión de que la Liga había pasado lo más difícil de su ruta a la corona cuando eliminó a Herediano y a Saprissa. El cuadro del sur trató de hacer lo suyo, tanto en el primer juego como anoche, cuando se atrevió a presionar al ahora monarca durante buena parte del encuentro. No obstante, pecó en la definición y más bien terminó hincado por el implacable látigo de Froylán en el epílogo. Los cánticos aparecieron en el Alejandro Morera Soto a cinco minutos del final, porque los aficionados comprendieron que el trofeo ya era una realidad. Y aquello que empezó como un murmullo triunfal se transformó en júbilo y delirio tras el dardo certero del Cachorro. Futbol prudente. En un partido así, cuando hay tanto en juego, no siempre es posible exigir el mejor balompié. En aquel primer lapso los manudos no hundieron el acelerador, confiados en la ventaja de dos goles del primer partido. Los sureños tampoco arriesgaron demasiado, conscientes de que mucho atrevimiento podía ser más bien perjudicial para sus intereses. La pelota, entonces, terminó víctima de un futbol atolondrado. Nadie se animó a bajarla al piso e intentar algún trazo de calidad. El recuento de jugadasverdaderamente peligrosas no supera las cuatro o cinco, siendo generosos. En aquel aburrido primer periodo quedó la sensación de que los 22 actores solo dejaban pasar el tiempo, como si este juego fuera un simple formalismo. El partido mejoró en el complemento, sobre todo por el esfuerzo final de Pérez Zeledón, un equipo lleno de voluntad, pero sin pegada. Cuando ya olía a título rojinegro, Froylán regaló un destello de clase. El ariete se fajó con media defensa y venció al arquero en el único gol del partido y último de todo el campeonato. La Liga volvió a escalar hasta la cumbre en una temporada en la que tuvo el mérito de superar sus errores y enderezar el rumbo cuando fue necesario. Una lluvia de miles de papelitos picados iluminó el firmamento manudo en los consabidos actos de premiación. Cetro en mano, los erizos retomaron su rugido de campeones. ¡El león vuelve a ser el rey!
|