Alejandro
Urbina
aurbina@nacion.com
Hoy
(21/08-05), La
Nación publica los
resultados del último estudio de opinión
pública efectuado por Unimer. La encuesta
revela un creciente –y preocupante – desencanto
de los ciudadanos con la política. En esta
encuesta, el desencanto no solo aumentó en
forma significativa con respecto a la de abril, sino
que, para algunos, se convirtió en rechazo
total. Aún faltan 168 días para las
próximas elecciones. Todos los que en alguna
medida podemos influir en revertir esta nefasta tendencia,
tenemos la responsabilidad de aprovechar el poco
tiempo que queda.
A medida que las elecciones están más
cerca, la tendencia de no asistir a las urnas recrudece.
La cantidad de costarricenses que dicen que no votarán
en los próximos comicios aumentó 7
puntos porcentuales en 4 meses. Mientras en abril,
el 32% afirmó que no votará, en esta
encuesta el 39% dice lo mismo. Si en febrero se confirmara
esta intención, casi un millón de ciudadanos
con derecho a voto no lo habrán ejercido.
Con este nivel de abstencionismo, votarán,
si acaso, un millón y medio de personas. Poco
más de 600.000 personas, menos de una cuarta
parte del padrón nacional, definirán
quién será el próximo presidente.
Con este grado de legitimidad, empeorará la
ingobernabilidad en perjuicio de todos.
Al desgranar los datos de la
encuesta, el panorama anterior se muestra aún más sombrío.
En estos meses, también se fortaleció la
convicción de no votar. Mientras en abril,
de los que dijeron que no votarían un 70%
calificaba la decisión como “irrevocable”,
en agosto un 80% la considera así.
Ni siquiera los que votarán por primera vez
en el 2006 muestran gran entusiasmo. En abril, el
25% de este grupo dijo que votaría y otro
25% afirmó que no; la mitad tenía dudas.
En agosto, aunque un 10% más dice que sí votara,
un 8% expresa lo contrario. Con el tiempo, los jóvenes
indecisos de estar presentes en las urnas se definen
en partes prácticamente iguales entre los
que sí votarán y los que no; un mal
augurio.
En el extremo más recalcitrante de la apatía
política, el grupo de ciudadanos que, teniendo
derecho, se abstuvo de votar en el 2002, el desencanto
también se agrava. En abril, el 57% de estos
contumaces “abstencionistas” confirmó que
tampoco votarán en el 2006. Ahora el 62% lo
confirma.
Ningún segmento de la población mejora
en su intención de asistir a las urnas. Los
más decididos a votar son los que tienen 17
años, las personas de alto nivel socioeconómico
y los universitarios. Sin embargo, el 19%, el 25%
y el 28%, respectivamente, de cada grupo dicen que
definitivamente no votarán en la próxima
elección. Todos estos porcentajes aumentaron
de una encuesta a otra.
La situación que refleja la encuesta de Unimer
es grave; la tendencia es aún peor. Para enderezar
este funesto rumbo de nuestra democracia sí se
justifican recursos adicionales. El TSE debe pedirlos
y la Asamblea, otorgárselos. Cuanto antes.