Carlos
A. Villalobos
cvilla@nacion.com
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La tendencia
del costarricense de votar por un partido para
presidente de la República
y por otro para diputados tiende a disminuir a seis
meses de las elecciones del 2006.
A ese comportamiento electoral
se le denomina comúnmente "quebrar" el
voto.
Según la última encuesta que hizo
la firma Unimer para La Nación, mientras en
abril de este año 50 de cada 100 electores
aseguraron que quebrarían su voto en los próximos
comicios, hoy solo 37 de cada 100 dicen que votarán
de esa forma.
La cifra refleja una caída
de 13 puntos porcentuales entre quienes piensan
votar en forma fraccionada.
Otros 45 de cada 100 consultados
sostienen que votarán
por el mismo partido para Presidente y diputados.
Esa cifra no varió de abril a agosto.
La "quiebra" del sufragio provocó,
por ejemplo, que en el 2002 se eligiera una Asamblea
Legislativa en donde ninguno de los partidos en contienda
logró alcanzar una mayoría valedera
para dominar una votación.
Pese al cambio en esa tendencia,
los números
también reflejan que hasta hoy, solo 23 de
cada 100 personas decidió ya a qué agrupación
política dará su voto para elegir diputados.
Los restantes 77 de esos 100
no ha decidido o no saben aún qué hacer.
Las mediciones son parte de la
consulta que Unimer realizó entre el 1.° y
el 10 de agosto visitando a 1.413 personas casa
por casa.
La encuesta se le practicó a costarricenses
mayores de 17 años, habilitados para votar
el próximo 6 de febrero.
Tiene un margen de error de 2,6 puntos porcentuales
y un nivel de confianza de un 95%.
Perfil
de la "quiebra". Los datos de Unimer
evidencian que a mayor edad de los electores es mayor
la tendencia a "quebrar" el voto.
Al analizar a los posibles votantes
desde el punto de vista del nivel de ingresos,
las cifras revelan
que a mayor nivel, las personas tienden más
a "quebrar" su voto.
También por género hay diferencia,
pues los hombres son más proclives a dividir
el sufragio que las mujeres.
Las personas con menor nivel
educativo se muestran más anuentes a votar por todas las papeletas
de un solo partido político.
A manera de referencia, en febrero
del 2002 el Partido Unidad Social Cristiana obtuvo
el apoyo de un 38,6%
del electorado en la votación presidencial,
pero sus diputados solo lograron el respaldo de un
29,8% de sus simpatizantes.
De ahí que la fracción oficialista
se instaló en el Congreso el 1.° de mayo
del 2002 con apenas 19 legisladores y hubo inicialmente
cinco partidos representados en la Asamblea.
Pero la encuesta también permitió medir
otros aspectos electorales como el partidismo por
herencia, que para esta contienda pareciera debilitarse.
Tradición de lado. Al consultarle a los encuestados
si votan siguiendo la tradición política
familiar o no, el resultado fue contundente.
Son 78 de cada 100 personas las
que aseguran que la herencia electoral no los condiciona
a la hora
de decidir por quién votar y más lo
hacen en forma independiente.
Solo 22 de esos 100 lo hacen
por influencia de la simpatía electoral
familiar.
Mayoritariamente quienes acatan
la tradición
familiar son los electores con menor nivel socioeconómico
y educativo y quienes dijeron haber votado en el
2002 por el Partido Unidad Social Cristiana.
Finalmente, los encuestadores
también hurgaron
en la disponibilidad que tienen los costarricenses
de colaborar con los partidos políticos en
este proceso.
Para las agrupaciones el resultado
no es nada satisfactorio pues 69 de cada 100 personas
aseveraron no estar "nada" dispuestos
a ayudar en la campaña.
Otros 14 de cada 100 encuestados
estarían "poco" dispuestos
y solamente una décima parte estarían "bastante" o "muy
dispuestos" a hacerlo.